¿Recuerdas a Lu?

Parte II

Tania Hernández Ramírez

El título de esta publicación nació a partir de preguntar a mis amigos sobre Lu, aquella chica de Letras Latinoamericanas que se fue a Playa del Carmen hace un par de años. En la primera parte se retratan cifras de violencia sexual hacia habitantes del sexo femenino en el caribeño estado de Quintana Roo.

Se debe agregar que el pasado mes de agosto  Guadalupe Muriel Manzano (Lu) fue víctima de individuos que intentaron agredirla sexualmente, dicha conversación se presentará más adelante. Ahora se da espacio a lo que ella misma ha titulado “El miedo de ser mujer”:

¿Qué es el miedo?, me pregunté varias veces mientras crecía. Unas veces el miedo tenía forma de alturas elevadas, otras aparecía en la oscuridad, varias veces se disfrazaba de soledad, otras muchas, la mayoría, aparecía en las calles gritando cosas obscenas, en los rincones de la ciudad acechando, en un tumulto de hombres en  una calle sola o en una concurrida, de día o de noche, tanto así que el miedo tomó forma de hombre y les temí a los hombres. Ahora con un intento de violación a cuestas, una herida de cuchillo en mi vientre, y una operación de la que casi no salgo me doy cuenta que el miedo es ser mujer.

Pocas veces he visto que se tome una actitud crítica y constructiva hacia la situación de violencia en México, y es que ¿no importamos? Y es que ¿somos histéricas? ¿Feminazis? ¿Exageradas?, ninguna de las anteriores. A pesar de las objeciones de varios profesores de la universidad, las mujeres importamos, no somos histéricas, ni feminazis, ni exageradas, simplemente somos seres humanos, con aciertos y errores, logros y fracasos, manías y obsesiones, tristezas y alegrías. Cuántos falsos conceptos se tienen sobre nosotras, y sobre todo de las que nos consideramos feministas.

Con tristeza recuerdo a mis profesores hablando de las demás “locas” profesoras, lo exageradas que eran con sus preceptos de “mujer librepensante”, de lo absurdo que parecía su “lucha”, ya que, en pleno siglo XXI y con el discurso de la igualdad presente, el feminismo suena “obsoleto”, “viejo” y “exagerado”, ¿no? Pues no, mil veces no.

Muchas veces he pensado en la suerte de seguir viva después del terrible ataque que viví en mi casa, y en mis peores fachas (por si algún lector considera eso como un factor estúpido para justificar la violación). Suerte de seguir viva, suerte de poder pelear, pero sobre todo la suerte de estar preparada. Inconscientemente me preparé mentalmente para estar fuerte, me preparé físicamente para ser ágil y sana, y hasta me preparé en primeros auxilios para saber qué tan grave estaba, y todo gracias al feminismo, literalmente el discurso feminista salvó mi vida.

Sin la lucha constante del feminismo del siglo XX no hubiera entrado a la universidad. Sin el discurso de la mujer fuerte me hubiera sentido débil e indefensa. Sin el discurso feminista, quizá, me hubiera quedado tranquila en casa sin aprender cosas nuevas y diferentes. Finalmente sin el discurso feminista mi vida ahora estaría deshecha, puesto que la lucha por la igualdad, la seguridad, el respeto etc. me ha ayudado a juntar los pedazos de mi corazón, me motiva a mantenerme sana, pero sobre todo me ha enseñado el camino para ayudar, para no sentir miedo sólo por ser mujer.

Pero no hay que confundirnos. El feminismo no sólo es el camino para las mujeres; si no también para los hombres. Es el camino para evitar crímenes sexuales, domésticos y hasta psicológicos. Constantemente mi terapeuta reconoce que no hay nadie quien hubiera podido evitar lo sucedido, excepto ellos, los victimarios. Claro si tan sólo me hubieran considerado persona; si tan sólo supieran lo doloroso que es el cuchillo en el vientre, o lo traumático de una violación.

El feminismo pretende cuidar de las mujeres que, aceptándolo, son el sector más descuidado y oprimido a través de la historia. El feminismo busca que las personas no trasgredan a las mujeres sólo por el hecho de considerarlas vulnerables. El feminismo busca que las mujeres sean fuertes, preparadas, independientes. Así cuando lo necesiten puedan salir libradas de cualquier mala situación, pero lo más bello sería, y esto es lo fundamental del feminismo, evitar la violencia desde la conciencia de que todos somos seres humanos. Gracias al feminismo ya no tengo miedo de ser mujer.

Guadalupe Muriel Manzano, “El miedo de ser mujer”, Quintana Roo, México, otoño 2016.

 

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