El principio de Heisenberg y la mecánica cuántica

Por Geovanni Tellez

¿Dios juega a los dados?

Para los físicos de los siglos XIX y XX, el universo y todo lo que lo compone parecía estar muy cerca de poseer una explicación casi total sobre su funcionamiento y trayectoria. Por medio de incontables investigaciones físicos como Maxwell, Newton, Einstein, Faraday, entre otros, aportaban conocimientos fundamentales que reafirmaban cada vez más esta idea. Sin embargo, para finales del siglo XX algunas investigaciones sobre la composición de las partículas y su funcionamiento parecían tambalear dichos pilares.

Los problemas para la física clásica comenzarían con Max Brom, matemático alemán y premio nobel, quien había postulado los principios filosóficos de la mecánica cuántica, que consistían en la amplitud que representaba la probabilidad de hallar una partícula en un punto determinado y sobre la interpretación probabilística de las ondas de Schrödinger, un análisis que sitúa el concepto de probabilidad en el papel principal y la indeterminación en el comportamiento de un sistema individual, abriendo así el camino al principio acausal ( ley del caos); lo que se convertiría posteriormente en el problema de los tres cuerpos, que consistía en la imposibilidad de hallar la posición exacta de tres cuerpos celestes o cuánticos en un espacio y tiempo determinado, debido a que la variables empleadas para calcular la trayectoria eran cada vez más grandes e indeterminadas. Este problema a su vez generaría lo que hoy conocemos como el principio de la incertidumbre o el principio de Heisenberg.

El principio de incertidumbre o principio de Heisenberg parte de la apreciación de que para lograr comprender a una partícula o un átomo, es necesario calcular todos sus componentes: protones y electrones y todo lo que a su vez conllevan, es entonces que Heisenberg plantea la incertidumbre ante la imposibilidad de no poder comprender la posición exacta y simultánea de partículas subatómicas en tiempo real.

De esta forma es que este agente se convierte en uno de los ejes principales de la mecánica  cuántica y el estudio del universo, ya que según los fundamentos cuánticos es imposible conocer exactamente la posición de un cuerpo en su relación de tiempo y espacio (relatividad).

La mecánica cuántica se fundamenta en la probabilística, ya que nunca se puede saber con seguridad en qué se convertirá una cosa en concreto, no todo puede ser medido o calculado, sino que funciona de una manera caótica (ley del caos) y esta ley aplica a todas las escalas de las estructuras. En su comparación con la física clásica ésta se contrapone, pues corresponde a un ámbito determinista que propone que todo puede ser calculado y medido.

La conjunción de estos fundamentos sobre el comportamiento de las partículas cuánticas hizo posible la creación una nueva forma de comprender el universo y sus estructuras. A partir de este momento la física clásica dejó de ser una forma de interpretación vigente, no ya por que sus resultados fuesen falsos, sino más bien porque la complejidad de lo descubierto exigía nuevos parámetros, lo que necesariamente lleva a la generación de nuevas preguntas. ¿El mundo, el universo y nosotros estamos determinados o correspondemos a una naturaleza caótica, improbable e indeterminada?

 

___Todo nuestro contenido es libre de compartir___

Comenta esta publicación

Comentarios