El gran Jaime II

Tania Hernández Ramírez

En la entrega anterior se trataron los primeros años del historiador uruguayo, Jaime Collazo Odriozola. En ella nos contó sobre su genealogía y también nos mostró que una relación personal es parte de los hechos particulares de la historia individual y afectan en muchos casos nuestro comportamiento con el colectivo. En esta parte se retoma su vida personal.

Jaime Collazo- […] Me llamó para decirme que habían metido presos a los padres y que ella tenía miedo de que vinieran en la noche, y aunque hay un artículo constitucional que prohíbe terminantemente allanar una casa  después de la puesta del sol y hasta la salida del sol, en esa época el ejército hacía lo que quería. Entonces tenía miedo de que vinieran por ella, que por qué no me iba a dormir ahí por Rodrigo y todo lo demás.  Fui a dormir ahí; cuando nos despertamos al otro día empezó a armar un escándalo y me fui. Le dije -mira has lo que quieras, sí quieres llama a otra persona porque yo no estaré más-. Pero a los 25 días me fue a ver que estaba embarazada, y entonces tuvo otro hijo, yo ya no estaba con ella. Prácticamente lo crio ella, pero lo llevaba los domingos a casa de mi madre y lo regresaba de nuevo a su casa, él se llamó Gonzalo.  La verdad que si ustedes lo ven pues en serio van a pensar que es hijo mío porque es el que más se parece a mí.  Ya después de eso trabajaba de profesor en dos preparatorias, una nocturna y en tres privadas. Se pagaba muy poco en aquellas épocas, pero de todas maneras en enseñanza oficial, por ejemplo,  daba clases en una preparatoria nocturna y era ayudante adscrito en una preparatoria diurna; ganaba 70 pesos por mes. En el liceo francés, en el instituto Juan XXIII y el instituto de preparatoria universitario ganaba como 36 pesos. Eran como 120 en total, era mucho más negocio trabajar en la enseñanza oficial que pagaba mejor que los privados, pero bueno uno tenía que trabajar porque tenía que sacar dinero y de eso los setenta pesos se los pasaba a Elena para los niños ósea que me quedaba con los treinta y me alcanzaba para unos cigarrillos, porque no servían para mucho.

En esa época anduve muy mal, fue cuando perdí al psicoanalista porque además andaba en la tensión nerviosa, no podía dormir más de dos horas. Recuerdo que a las nueve de la mañana me despertaba, empecé a tener problemas de mucho tipo, me dio hemorroides. Me dijo el doctor -para curarse uno tiene que cambiar de vida, debe vivir más tranquilo, trabajar menos, no hacerse problemas; si tiene problemas con una mujer no la vea más-. Bueno, salí pensando; llego al Liceo y me dicen -tienes que ir a cobrar a enseñanza secundaria al centro-. Me fui a cobrar y me llaman para notificarme que estaba destituido y en la misma lista veo a mi hermana también destituida. Yo ya tenía dieciocho años trabajando en la enseñanza y bueno, me destituyeron.

Cuando llego a casa recordé que mi hermano Aníbal estaba en Buenos Aires, Ariel estaba en España y mi hermana ya había llegado a casa, le dijo a mi madre -que estaba destituida y que iba a arreglar pasaje para irse a Buenos Aires- porque allá había tenido un novio que trabajaba con cuestiones de construcción y entonces había un contratista argentino que había edificado en Punta del Este unos edificios circulares, pequeños departamentos que se vendían y siempre le dijo a mi hermana que había que ir a trabajar con él porque hablaba cinco idiomas. Mi hermana hablaba inglés, alemán, ruso, francés e italiano. Entonces agarró, se fue a Buenos Aires y le dieron trabajo inmediatamente. Entró ahí como traductora y siguió sola.

Identificación oficial de la Universidad de China (Foto: APJCO*)
Identificación oficial de la Universidad de China (Foto: APJCO*)

Yo cuando estudié trabajaba en un casino, el Casino Municipal de Montevideo. En un casino se gana muchísimo dinero, más que en otros trabajos porque uno no depende del salario sino que depende de la propina. Le voy a dar una idea; las propinas se pagaban a los diez días en el casino del estado  y el salario era por mes. Yo entre a trabajar en la municipalidad de Montevideo con un sueldo de auxiliar tercero que era el último de la escala administrativa. Me pagaban 127 pesos por mes, los diez primeros días de propina que fueron del primero de enero al diez de enero cobre 1200 pesos. Sí eso se repetía, los 127 pesos se los pude regalar a la municipalidad porque no me afectaba para nada, pero bueno los seguí cobrando. Se paga muy bien porque el casino es una trampa; se trabaja de noche. Uno vive al revés. Duerme de día, vive de noche; la vida familiar se hace muy difícil, me divorcié de mi primera esposa. Prácticamente no nos veíamos, finalmente nos divorciamos en muy buenas relaciones, digo fue la única vez que me divorcié en  buenas relaciones. Más tarde mi padre me dijo, -mira, tengo un amigo en Punta del Este que me pedía que le mandara albañiles y que está en Catamarca, va a abrir un casino-. Pero yo cuando me titulé de profesor y todo, nunca más pisé un casino. Nunca digas nunca porque después uno vuelve a pisar un casino.

El casino es horrible porque con lo que uno se vincula ahí es con la gente que va todos los días, o son proxenetas, prestamistas o moscas; esos que van se sientan y cuando ven a alguien que tiene dinero lo ayudan, como dan fichas no se dan cuenta de lo que dan, entonces le van dando 100, 200, 300 pesos y de eso viven. Pero bueno, son los peores parásitos, por eso les dicen moscas. Y prostitutas por montones. Había una mujer que tenía tres hijas, iba a regentearlas. Iba con los clientes y les decía –mire tengo una hija buenísima- sí el otro mostraba interés la hacía venir.  Bueno ese ambiente es espantoso, uno sale de ahí, se va al café a tomar algo y los clientes -hola que hace usted aquí, yo le pago- y uno no quiere ver a esa basura humana, no quiere hablar con esos tipos muy específicos, entonces yo en cuanto empecé a trabajar en la enseñanza secundaria renuncié al casino.

Ahora mi padre me decía que en Catamarca, bueno yo había oído hablar de –paisajes de Catamarca/ con distintas tonalidades…- eso lo pasaban por la radio. Catamarca es una de las dos provincias más pobres de la república Argentina, tiene límite con Chile, está sobre la cordillera  de los Andes, al sur de Salta, en el noroeste Argentino y al sur de Catamarca está la Rioja. Por ejemplo, de los chistes que se hacen en la Argentina se dice que los tucumanos y los santiagueños se odian y que los alteños y los jusgueños no se pueden ver, pero que los catamarqueños y los riojanos se tienen lástima, porque son las dos provincias más pobres. Catamarca tiene un índice de crecimiento demográfico vegetativo enorme y sin embargo tiene población todos los años, no hay  trabajo y la gente se va a otras provincias, a otros países a otros lados. Entonces me fui a Catamarca a ver al amigo de mi padre, no eran amigos ni nada pero eran conocidos. Era un viejo gánster que tenía de todo ahí, se sacaba a la gente de encima. Había dos periódicos, uno era del obispado y el otro era de él, y en la Rioja tenía el mismo periódico. Llegó a Catamarca y me dio muy mala impresión porque tenía calles muy angostitas, no tenía árboles. Si usted va a Montevideo verá las calles llenas de árboles, bueno ahora no todas tienen porque los militares de tantas maravillas que hicieron arrancaron árboles enormes. Pero en general en verano se anda siempre en la sombra, la mayoría de los árboles son plátanos, no plátanos de bananas. Plátanos de esos que hay en Bélgica, Francia; de esos árboles que ponen en la calle porque tienen mucho follaje, y en verano tapan el sol. Pero en invierno se caen todas las hojas y permite que pasen los rayos del sol. Entonces yo no conocía a nadie. Me presenté y entré a trabajar al casino. El casino era un robo impresionante. Prácticamente se quedaba con toda la propina el casino y a los muchachos de ahí de Catamarca que no sabían trabajar les pagaban una miseria. Yo no sé cómo trabajaban. Entonces el viejo me recibió el 1 de julio. Tuve tanta suerte que el 1 de julio se murió Perón y dieron diez días terribles, pero bueno empecé a hacer amigos.

Catamarca era de diez cuadras por diez cuadras. Todo el mundo se conocía, nunca en la vida uno tomaba un taxi, nunca un autobús, todo se hacía caminando. Si yo quería ver a Alí por ejemplo, me iba a la plaza y decía: voy a ver a Ali, -oh sí, ahí estaba en la municipalidad. Si estuvo acá-, todo era así relajado, a mí me gusta. Pero a la gente no le gusta. Entre el 1 de diciembre y el 15 de marzo todos los días había más de 40°, 42°. A mí siempre me gustó el calor. Usted dirá ¿qué hago en Toluca, soportando 32 años el frío?  Pero lo mejor de Catamarca era el clima, además me acostumbre todos los días a los temblores, porque como va subiendo la cordillera por día hay varios. Yo dormía en una cama individual y mi brazo casi tocaba el piso, entonces cuando lo tocaba sentía el temblor en mis dedos.

Me fui acomodando en el casino, crearon un sindicato, echaron a unos compañeros, se armó una huelga, yo no me quería meter en nada, armaron una asamblea. En todas las asambleas querían que yo hablará y a esas alturas ya me había metido por las cosas que  ocurren. Había estado el presidente dos años antes y lo que era el Instituto Nacional del Profesorado lo transformó en universidad. El título de profesor no permitía dar clases en universidad, pero nos facilitaron las cosas y  en dos años hice la licenciatura, pero al ser uruguayo y demás lo vieron sospechoso, entonces un día, con un hombre demasiado agradable, le comenté que me había rechazado un porteño, allá decirle a alguien así es lo peor, porque nadie los puede ver. Los porteños son de Buenos Aires. La gente en Catamarca es gente humilde, muy tranquila, ahí jamás va a ver correr a nadie, la gente camina despacio, hablan despacio. Es otra vida, es otro mundo. A mí me cambio la vida porque efectivamente me curé de todo. De la gastritis, dormía siestas de tres horas en una hamaca, era fantástico. Realmente pase uno de los mejores años de mi vida. Además el calor de los muchachos, la amistad, bueno venían a contarme todo lo que pasaba. Entonces en una de esas les había dicho, no se metan conmigo, traten de calmarse y miren que yo soy un gánster de guante blanco. Más tarde me dijo el viejo –usted no se haga el vivo, porque a estos los voy a echar a todos, pero a usted lo voy a echar de la Argentina-. Dicho y hecho lo hizo después, todos los guardaespaldas de él eran ex policías federales o eran gente del ejército retirada. Me echaron del casino, pero a esas alturas ya tenía amigos del casino, uno de ellos que era director del museo me dijo mañana ven y te inscribimos en la municipalidad. Me puse a clasificar la biblioteca y seguí como empleado municipal de Catamarca. Ahí viví cosas geniales.

Me empezó a escribir de Montevideo una que había sido compañera mía en el Instituto, preguntándome y pidiendo cosas raras. Entonces un día me dice que quiere venirse a vivir conmigo  y como estaba solo me venía fantástico. Con ella después fui a España, me vine a México y también estuvo acá en México. Ella trabajó en un CEBETIS por Lerma, hasta que después nos separamos, yo me fui a China. Yo no sabía nada cuando me fui pensando como un angelito, pero resulta que en China me pagaban un sueldo de tiempo completo en la Universidad de China que era más que acá. Pero acá me seguían pagando todo mi sueldo y ese era el convenio. Entonces junté mucho dinero. Porque yo vivía en ciudad universitaria y era gratis. Estaba en la residencia de profesores, comía ahí, era baratísimo. Y cuando llegué aquí me encontré con una gran cantidad de dinero, me compré una casa. Busqué por todo Toluca una casa barata y la más barata que encontré fue ésta. Yo la pagué toda de contado, porque a plazo no compro ni una pluma, si tengo dinero lo compro, hasta ahora he vivido sin ello y no la he pasado mal. Los bancos son lo peor. Después supe porque era la más barata, uno ponía un foco y había que cambiar el soquet. Los muebles los fui comprando poco a poco porque vivía solo. María Eugenia decía que yo tenía un depósito aquí. Venía mi hermana con dos amigas en el verano mexicano, aquí vivió Gonzalo, había comodidad para todo el mundo. Hasta que conocí a Margarita, mi alumna. Es mi esposa ahora. Ella fue llenando la casa, poblandola de cosas.  Después compré la otra casa y pasé la biblioteca. Con Margarita tuve a Santiago y Manuela. Ahora él está en la secundaria y ella en sexto de primaria. Cuando me divorcié de aquella muchacha le dejé la casa, yo siempre ofrecía casamiento porque estoy consciente que a lo largo de la historia la mujer siempre es lo más endeble, todo está hecho para los hombres.

 *APJCO: Archivo Personal de Jaime Collazo Odriozola

___Todo nuestro contenido es libre de compartir___

Comenta esta publicación

Comentarios