Del amor

“El amor no es repetición. Cada acto de amor es un ciclo en sí mismo, una órbita cerrada en su propio ritual. Es, cómo podría explicarte, un puño de vida.”

Mario Benedetti.

 

Tratar de definir qué es el amor no ha sido una tarea nada sencilla tanto para amantes como para expertos. Según los etimologistas, la palabra amor  proviene del término latín amor y de la raíz indoeuropea amma que significa “madre”, lo cual nos llevaría a entenderlo como amor de madre. De  amma -según los mismos expertos- surgiría  además el concepto de amistad y cuya raíz seria también el latín amicus. Sin embargo, independientemente de la hipótesis o de las especulaciones sobre su origen y transformación etimología, nadie puede negar que se trata de un sentimiento indescriptible que aun hoy cuesta definir de manera exacta. Entender qué cosa es el amor es como intentar comprender la totalidad del universo y es que no es para menos cuando se trata de definir si es un sentimiento o un fenómeno biológico, si es amor o enamoramiento o bien de qué tipo de amor es del que se habla.

Para nuestra fortuna, a lo largo de la Historia han existido innumerables personas que han tratado de explicar tan inexplicable fenómeno; si bien distaron mucho de las definiciones formales, no queda duda de que amaron. El amor a lo largo del tiempo tuvo muchas connotaciones, por ejemplo: para los primeros cristianos, la palabra amor poseía una connotación impura relacionada con el deseo sexual, posesivo y destructivo; ya durante la Edad Media el amor pasional era considerado como algo satánico. Para el siglo XX, Eric Fromm sostenía que  el amor había pasado a formar parte de nuestra sociedad consumista y materialista, en donde el “tener era más importante que el ser”.

Para Marcel Proust, escritor y ensayista francés, la situación era sencilla  pues sostenía que “lo mejor es no intentar comprender al amor, cuyo carácter inexorable e inesperado parece regido más bien por leyes mágicas que por leyes racionales.” Para el siglo XVII su compatriota, el aristócrata y militar Rochefoucauld, conocido sobre todo por sus Máximas, dijo que “es difícil definir el amor. Lo que si puede decirse es que en el alma es una pasión; en el espíritu, una simpatía; y en el cuerpo, un secreto, el delicado deseo de poseer lo que se ama”.

Sigmund Freud, por su parte, consideraba que el amor era una manifestación que provenía del deseo sexual; asimismo el poeta y escritor mexicano Octavio Paz, haciendo alusión a un ente biológico, mencionaba que el sexo se representaba en la raíz, el erotismo en el tallo y el amor en la flor. Ovidio, el gran poeta romano, entendió que el amor es también un desamor, un mal necesario, algo que deseamos y maldecimos: “Si dios me dijera vive y olvida el amor, no aceptaría; ¡la mujer es un mal tan dulce!”.  Al propósito de lo anterior, Gabriel García Márquez escribía que “el amor era un sentimiento contra natura que condenaba a dos desconocidos a una dependencia mezquina e insalubre, tanto más efímera cuanto más intensa.” Oscar Wilde opinaba que “cuando uno está enamorado empieza engañándose a sí mismo y termina engañando a los demás. Esto es lo que el mundo llama amor romántico”. Por su parte, el psicoanalista argentino Rodolfo Moguillansky aseguró que “el enamoramiento muere y entonces llega el reproche, el desamor, la desilusión se vuelve entonces un fenómeno del que nadie puede escapar”.

La realidad es que el amor quizá no necesite definiciones y solo dependa de las circunstancias y del tiempo. Sea con pasión, deseo, entusiasmo, alegría, erotismo, ternura, reproche, desilusión, tristeza y nostalgia, la verdad es que  provoca emociones inexplicables.

 

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