2 de octubre; Luis González de Alba

Diego Petersen

diego.petersen@informador.com.mx

La fecha que marcó su vida marcó también su muerte. Luis González de Alba escogió el 2 de octubre para morir, para morir como él quiso, en el momento que decidió

Luis fue un líder estudiantil en el movimiento del 68 y quizá el más obstinado cronista de lo que sucedió aquella tarde del 2 de octubre en la plaza de la Tres Culturas en Tlatelolco. Su último texto, publicado el sábado pasado en la edición más reciente de la revista Nexos estuvo dedicado a bordar fino sobre aquella fecha: puso en su blog en esta revista tres manuscritos, de su puño y letra, como testimonios, y dejó terminado un libro que aparecerá en Cal y Arena.

Psicólogo de carrera, divulgador de la ciencia de vocación, periodista y escritor, Luis fue coherente hasta la médula. No soportaba las versiones de la historia que se acomodaban a la ideología, odiaba la falta de precisión, fuera en la música; en la ciencia, en la historia o en la puntualidad. Uno de sus mejores libros “Las mentiras de mis maestros” (Cal y Arena, 2002), es una revisión despiadada de las falsedades de la historia oficial y un repaso a todas las inconsistencias históricas del mito guadalupano. Llevó a la Real Academia de la Lengua Española una discusión aparentemente absurda que sostuvo con los correctores del periódico Público sobre si debía o no acentuarse la palabra priista (la academia le dio la razón; no lleva acento). Ni qué decirse de su pleito encarnizado con Elena Poniatowska, que llegó hasta los tribunales, por datos y citas incorrectas en su libro sobre el 68.

González de Alba fue pionero en el periodismo de divulgación científica. Su columna, “La ciencia en la Calle” es la más longeva y respetada en su campo, pues Luis tenía algo que no abunda en el periodismo ni en las ciencias sociales: una gran inteligencia matemática. Fue también uno de los referentes del movimiento gay y de la lucha por las libertades y la igualdad. Su bar “El Taller”, en la Ciudad de México, fue el primero declarado abiertamente gay, y por ello acosado por autoridades priistas y perredistas.

En alguna comida en el ya extinto restaurante Tinto y Blanco, Luis me dijo que en el momento que se supo seropositivo le había caído un veinte: tenía que pensar de qué se quería morir. Tenía claro que de Sida no, y luchó y se cuidó todo lo necesario para nunca desarrollar la enfermedad. Le parecía horrible morir de cáncer, dijo; así que había tomado la decisión que procurar el infarto: pidió un chuletón de cordero con demasiada grasa.

Finalmente González de Alba decidió otro camino. Un vértigo permanente que lo aquejó los últimos años le impedía gozar la vida como él quería.  En su último tuit puso una fotografía de la isla de Poros y otra de él en esa isla. “Yo esperándote en Poros. No me abandones”, escribió. Citó el Salmo 71 de David y puso una liga a un video de donde un joven canta el salmo en hebreo: “Y ahora, en mi vejez, no me hagas a un lado; / no me abandones cuando me faltan las fuerzas”.

Descansa.

Texto de http://opinion.informador.com.mx/Columnas/2016/10/03/2-de-octubre-luis-gonzalez-de-alba/v Imágenes Tomadas de Internet

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