Vivan las fuerzas rebeldes de Michoacán*

Tomada de la biografía Facebook de Juan Pablo Proal, de izquierda a derecha: Juan Pablo Proal Mantilla, José Cruz Camargo, Álvaro Delgado.

 

Tania Hernández Ramírez

“Voy a morir es un libro autentico, porque autentico es el autor”… Álvaro Delgado

Ciudad de México- El pasado jueves 16 de enero se presentó en el Foro Cultural Alicia Voy a Morir, segundo libro de Juan Pablo Proal, en donde aborda la vida de José Cruz Camargo Zurita fundador de la banda de blues mexicano Real de Catorce y “poeta maldito, poeta popular o simplemente poeta” como dijo Álvaro Delgado. La obra se editó el pasado noviembre por Lectorum y se agotó en las primeras semanas de salir al mercado. Cuenta con la presentación de Julio Scherer García, se divide en trece apartados y es trabajo de cuarenta horas de entrevista al personaje, amigos y familiares. Es una biografía que nos recuerda que la memoria reciente es digna de ser leída, es la voz de un hombre que ha marcado y seguirá marcando generaciones a través de la poesía vuelta blues.

Voy a morir, nos recuerda que hay una deuda con los músicos independientes de México los cuales fueron relegados en su época, pero siguen vigentes gracias a la conciencia de quienes los escucharon en su tiempo y han transmitido la herencia fonográfica. Presento la primera parte de lo leído por Juan Pablo Proal e invito a disfrutar de un trocito de la vida del hombre que nació en el México de Adolfo López Mateos, que se desarrolló en la convergencia del rompimiento generacional y ha sido testigo de los patios de cristal  en los que la nación sigue inmersa. Larga vida a José Cruz y a todos aquellos conscientes de la realidad.

*Conclusión de José Cruz Camargo en la presentación de su biografía.

Compre una vida a meses sin intereses (Primera Parte)

Juan Pablo Proal

¿Será que el resplandor de nuestros héroes se origina en la fantasía de una vida paralela? ¿Usamos su biografía para encajarla en nuestras necedades? ¿Dependemos de ellos para orientar este sinsentido?

“¡Mama!, fíjate en mi boca, en mis modales/ ¿Soy el que soñase o un borracho más en las ciudades? Besa mis heridas, dame de beber mamá/ ¡Mama!, no me des más agua con sal”. Versos para quienes pulverizaron los valores moralistas, no embonan en las sobremesas de buenas costumbres y son huérfanos de matrimonios perfectos. Quienes los elevaron al rango de Palabra Divina quieren saber más de su profeta.  ¿Su nacimiento fue virginal?, ¿Ordenó erigirle un templo?, ¿Cómo debemos actuar sus seguidores?

La plaga de hipsters devoró la biografía de Steve Jobs con la ilusión de encontrar la nueva señal divina. Los héroes de la era individualista son los más aptos para hacerse famosos en el menor tiempo. Triunfó quien acampó unos segundos en la etérea memoria de la diaria coyuntura. Los demás, escoria. Anónimos humeantes de fracaso.

Respetamos sólo a quien  viste smoking y carga una figura de oro en las manos. Ante la falta de credibilidad de los mesías, sacerdotes y lectores de noticias, husmeamos en nuestros  ídolos de carne para encontrar las nuevas directrices. Pero el sueño predominante de las figuras públicas en  turno es uno, invariable: enceguecer y ensordecer a los demás con lingotes de fama: No hay otro héroe posible, ni más caminos.

Este país, desmoralizado de bandas presidenciales ganadas a punta de guapura, se empeña a exiliar el ostracismo a quienes emanan un brillo diferente. Mejor dicho, a quienes brillan por cuenta propia. Los ningunea, ignora y menosprecia. Los entierra en el panteón de los olvidos. No sólo malbarata su patrimonio natural, se avergüenza del humano.

Pasamos por alto que sólo somos por el otro, que nuestro actuar es infinito de repeticiones del pasado colectivo. Jorge Luis Borges remata así su poema Cambridge: “Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”.

Memoria viene del latín menor, que significa: “el que recuerda”. Recordar, de recordari, re (de nuevo) y cordis (corazón): “volver a pasar por el corazón”. Escribí la biografía de José Cruz, el fundador de Real de Catorce, el grupo de blues más importante de México, con la intención de que las letras impresas resguarden por siempre en nuestro pecho la vida de unos de los profetas que inspiró sueños auténticos en un mundo anestesiado de desilusión.  Continuará…

 

 

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