Puntos Suspensivos

Ricardo Flores Magón (Eloxochitlán, Oaxaca 16 de septiembre de 1873 – Kansas, EE. UU., 21 de noviembre de 1922)

 

El ideólogo de lo olvidado

Tania Hernández Ramírez

Fueron tres los hijos de Teodoro Flores y Margaritra Magón; Enrique, Jesús y Ricardo, el último según Luis Lara Pardo, “era delgado, esbelto, fuerte y seguramente el más decidido y audaz de sus hermanos”. La familia migro de San Antonio Eloxochitlán, Oaxaca  a la Cd. de México en 1877 cuando Porfirio Díaz triunfo.  Ricardo inició su formación escolar en la Escuela Nacional Primaria Superior Número Uno, pasó por la Escuela Nacional Preparatoria y la Escuela Nacional de Jurisprudencia.

En 1892 participó en las manifestaciones estudiantiles en contra de la reelección de Porfirio Díaz, en 1983 colaboró con el director de El Universal, y fue ahí donde vio la importancia de un periódico. En 1901 participó en el primer club liberal en San Luis Potosí junto con Camilo Arriaga, fue en su biblioteca donde dio forma a su ideología, ya que era  “de corte socialista y anarquista que circulaba en el país gracias a ediciones españolas, mismas que llegaban como lastre en los buques mercantiles españoles que recalaban en Veracruz”.

En 1900 vio la luz el primer número de Regeneración,  dicha publicación tuvo cuatro épocas, es uno de los órganos que informo y propició la Revolución Mexicana. A casusa de la publicación Ricardo y su hermano Jesús fueron encarcelados y perseguidos en diversas ocasiones, al igual que los más de tres mil colaboradores en los diferentes puntos de la República y el sur de Estados Unidos.

Ricardo Flores Magón se enfrentó a un gobierno represor, a un pueblo analfabeta y a pesar de que vivió la mitad de su vida como preso político, no abandono la lucha, ni sus ideales de llevar al necesitado lo justo. Fueron Madero, Villa y Zapata quienes enarbolaron más tarde los ideales magonistas, al igual que el congreso constituyente de 1917. Hace 103 años dio inicio un movimiento armado que se ha ido relegando a la Historia Oficial, al libro de texto gratuito, a simples ceremonias y desfiles, pareciera que tanta sangre derramada ha pasado sin pena ni gloria. La Revolución Mexicana se sigue institucionalizando al igual que el desmemoriado Pacto por México.

Referencia: Archivomagon.net

“Los inquietos”, Ricardo Flores Magón

Por todas partes oímos hablar mal de los inquietos. Las personas sensatas los distinguen con su desprecio; las gentes decentes evitan su contacto. Sin embargo, el progreso humano es obra de los inquietos.

Desgraciada sería la humanidad si en un momento dado desaparecieran todos los inquietos de la Tierra. La ausencia de esos motores del progreso marcaría el comienzo de una marcha hacia atrás, de un regreso a la barbarie.

Sin el pensamiento y sin la acción de los inquietos, la humanidad no tendría historia, como no la tiene el rebaño. La primera página de la Historia quedó escrita cuando el primer inquieto fabricó la primera hacha de piedra. La Ciencia, el Arte, la Libertad, obra son de los sesos, los músculos y la sangre de todos los inquietos.

Sócrates, Jesús, Espartaco, Newton, Bakunin, Ferrer Guardia, Praxedis G. Guerrero, Margarita Ortega, ¡sublimes inquietos!

El inquieto Colón derriba con su audacia la teoría de la forma plana de la Tierra, mientras otros inquietos los Gracos afirman el derecho que todo ser humano tiene de aprovecharse de la tierra para obtener su subsistencia. Franklin esclaviza el rayo, y Bruno alarga audazmente el brazo a través de las estrellas para atraer a Dios ante el tribunal de la Razón.

Sin los inquietos, la humanidad sería agua estancada poblada de gusanos.

Sin los inquietos, la Historia escribiría su última página y arrojaría el volumen al olvido.

Sin los inquietos, la máquina de vapor, el tranvía eléctrico, el zepelín, el aeroplano, la telegrafía inalámbrica y el submarino continuarían durmiendo en las sombras de la ignorancia amamantada por las religiones.

El inquieto rasga las tinieblas de las supersticiones y hace brillar la verdad que ilumina el camino que conduce hacia la Libertad y la Justicia.

El mundo marcha gracias a los esfuerzos de los inquietos y el mundo les paga sus servicios con el salivazo, el presidio y el patíbulo. El precio del sacrificio nunca ha sido otro que el escarnio y el martirio. Las personas decentes y sensatas, no conocen otra moneda.

Regeneración, número 240, 8 de julio de 1916, en Archivomagon.net

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