Maíz criollo en decadencia

Axel López

El pasado 19 de Agosto del 2015 el Juzgado XII de Distrito en Materia Civil decidió hacer válida la cancelación de la medida precautoria que impedía desde finales del 2013 la siembra del maíz transgénico en tierras mexicanas a las empresas transnacionales como MONSANTO Y SYNGENTA.

     Esta toma de decisión fue una gran derrota para el país y para el grupo de ciudadanos que constantemente han luchado para la conservación del maíz y por la misma cultura que se contempla alrededor de éste, siendo símbolo de entidad y orgullo nacional; sin embargo, el grupo de ciudadanos que integran Demanda Colectiva AC interpuso una apelación en la que el Juez puntualizó que aún seguía detenido el envío de permisos para la siembra del maíz genéticamente modificado.

      El desiderátum de la sociedad es que el maíz continúe siendo símbolo de identidad cultural y que sea aprovechado positivamente en el país; aunque la realidad nos indica su decadencia cada vez más cercana y que su extinción ya no es algo onírico sino una realidad. Debilitado y casi vencido gracias a las malas decisiones que son tomadas por los altos mandos del Estado quienes  celebran contratos con las empresas transnacionales, las cuales solo tienen la función de generar ganancias multimillonarias y venderle a la sociedad un producto inservible y extremadamente dañino.

      Científicos han encontrado grandes beneficios en el maíz criollo, desde las ventajas naturales y saludables, hasta el aprovechamiento de la siembra y la producción del mismo como apoyo e ingreso económico a las familias agricultoras mexicanas. Lamentablemente es inevitable que las instituciones gubernamentales del país no observen la importancia de conservar uno de nuestros patrimonios naturales, ya que hablar de México y el maíz se convierte en una hermosa tautología.

      Las grandes movilizaciones que se han creado a lo largo de la República Mexicana son una clara evidencia de la inconformidad del pueblo que aún cree en la conservación del maíz. Así, esta lucha constante para impedir el acceso a la siembra del maíz genéticamente modificado y sus empresas productoras transnacionales es una lucha que nos involucra a todos los individuos de esta nación y que no terminará hasta el momento en que el maíz criollo obtenga de nuevo su libertad.

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