Lecciones para México del golpe de Estado en Bolivia

Lecciones para México del golpe de Estado en Bolivia
Por Carlos Pérez
El golpe de estado en Bolivia ha terminado con los trece años de Gobierno de Evo Morales, de este acontecimiento se desprende un enorme debate internacional y todos los medios apuntan a los intereses que representan.
Tenemos a medios que justifican el actuar de la policía y militares, promotores del discurso norteamericano que buscarán colocar a los sectores más derechistas, racistas y fascistas, al frente de Bolivia y no tendrán empacho de llamarlo transición democrática.
En México también este discurso se reproduce en medios de comunicación, por los partidos y sectores de derecha, como la senadora por morena Lili Téllez que sobre el caso Evo Morales refirió en Twitter: “el poder los enloquece. Son traidores de la democracia; su prioridad es conservar los privilegios del cargo”.
Mientras tanto con un posicionamiento definido, se ha anunciado que el gobierno Mexicano dará asilo político a Evo Morales, lo que seguirá agitando estas expresiones de intereses a nivel nacional.
En medio de este escenario las lecciones para los pueblos de México y Bolivia son fundamentales, pues las conclusiones que hasta ahora intenta sacar la socialdemocracia mexicana carecen intencionadamente de profundidad y se traducen en consignas políticas que no le sirven al pueblo, tal es el caso del reiterado discurso “hay un intento de golpe de Estado en México, debemos apoyar el gobierno de Andrés Manuel y no permitirlo”, o la idea de que pese a todo la “izquierda” latinoamericana seguirá creciendo en los procesos electorales que vienen por el desgaste del neoliberalismo.
Estas consignas promueven las ideas de que la democracia en medio de la desigualdad sistémica y el enorme poder económico de los monopolios funciona adecuadamente, que los cambios sociales se limitan a la lucha electoral, que el dominio imperialista así como la dependencia económica de México y Bolivia no existen y que las denominadas transformaciones las hizo Evo Morales y las hará AMLO sino lo cuestionamos y molestamos.
La crisis desatada en Bolivia es producto del desgaste de un régimen que hace 13 años asumió el poder con promesas de transformación profunda de Bolivia; un discurso anti-neoliberal y anti-imperialista y la promesa de recuperar la soberanía nacional.
Al asumir la presidencia en 2006, el gobierno del Movimiento al Socialismo se encontró con una oposición oligárquica que llevó al país al borde de un golpe de estado, hecho que fue apaciguado por una serie de pactos entre el gobierno y la oligarquía financiera-terrateniente en el marco de la nueva Constitución Política del Estado como salida de conciliación.
Hay que recordar que en el caso de México previo al proceso electoral AMLO generó acuerdos con importantes sectores oligárquicos que más adelante sumaron sus piezas al gobierno y han dictado el plan de desarrollo para el sexenio.
La base de la crisis política en Bolivia tiene como base las condiciones económicas, en 2019 el PIB proyectado de Bolivia será de 45.045 millones de dólares que representa un crecimiento anual de 4.2%, esta tasa de crecimiento ha bajado de forma constante desde el año 2013 donde alcanzó el 6.7% y se proyecta que seguirá bajando en los próximos años, en lo que respecta a la soberanía nacional que se prometía, la deuda externa pública hasta junio de 2019 es de 10.548 millones de dólares con un crecimiento constante que casi duplica la deuda externa pública del año 2013. Los principales acreedores del país son: Banco Interamericano de Desarrollo (29.9%), Corporación Andina de Fomento (23.4%), China (8.7%) y el Banco Mundial (8.6%).
Las Reservas Internacionales Netas bajaron en 46.8% respecto al año 2013 y la economía nacional aún mantiene un carácter extractivista y exportador de materia prima, con muy poca diversificación e industrialización, marcada por la dependencia económica y el atraso tecnológico.
Con esta política económica extractivista el saqueo de recursos naturales se ha profundizado con la alianza entre gobierno, transnacionales y agroindustriales. Los contratos de servicios petroleros han sido ampliados con las empresas como Petrobras Bolivia S.A., Repsol E&P Bolivia S.A. y Shell Bolivia Corporation, en perjuicio de los pueblos indígenas y los parques nacionales.
La política de impulso a los biocombustibles en el país fortaleció la alianza del gobierno con los agroindustriales, con importantes contratos estatales de compra de aditivos vegetales. El objetivo manifiesto de ampliar la frontera agrícola dio lugar al desmonte y la quema “controlada” para el saneamiento de tierras, junto a condiciones climáticas adversas desató una crisis ambiental prolongada de incendios en todo el país y en la Amazonía.
En el caso de México con el casi nulo crecimiento, las condiciones económicas son aún más adversas para el pueblo (lo que generará su movilización), esto no es solo atribuible al escenario internacional y los gobiernos anteriores, la dependencia económica, la política extractivista y la estructura neoliberal también se han mantenido y profundizado en el nuevo gobierno, por ejemplo el saldo del endeudamiento externo se elevó en 9 mil 519 millones de dólares en el primer trimestre del 2019, mientras que el 54% del territorio nacional se mantendrá concesionado a mineras y se echaran a andar megaproyectos definidos años atrás en favor de los monopolios.
Las medidas económicas en Bolivia provocaron la movilización en los últimos años de diversos sectores populares y clase media urbana, la cual fue respondida con represiones.
La inconformidad se siguió profundizando en Bolivia el 21 de febrero de 2016, cuando se dio el referéndum para la aprobación o rechazo del proyecto de modificación constitucional para permitir al presidente o vicepresidente del Estado Boliviano postularse a ser reelectos dos veces de manera continua. El “No” ganó con un total de 51% de los votos, mientras el “Sí” obtuvo el 49% de votos restantes, pese a ello el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia permitió una reelección.
Con este contexto Evo Morales llegó a las elecciones del 2019 altamente cuestionado por el pueblo, la prueba de ello fue la votación que pese a las alteraciones que existieron alcanzó el 47 % de los votos contra el 63.36 % que tuvo en 2014.
Después de la votación llegaron los 19 días de movilizaciones en las que se destacó la negativa de importantes sectores a defender el gobierno de Evo, la movilización de otros tantos sectores y movimientos en contra de una imposición que se remonta a 2016 y por último la derecha fascistoide que se ha impuesto al frente de la inconformidad.
El papel de las fuerzas armadas y la policía en la salida del gobierno de Evo Morales es decisivo en la imposición de los intereses norteamericanos, como lo señala Fernando Molina en el país los militares fueron favorecidos sistemáticamente por Morales y su Gobierno, que les ayudó financieramente, les cedió espacios de la Administración del Estado, como la aeronáutica, aumentó su presupuesto y mantuvo excelentes relaciones con sus comandantes, Morales se reunía cada lunes con el alto mando militar y participaba en los desfiles y las actividades militares. También incorporó a los soldados a diferentes tareas sociales del Estado, como la distribución de bonos y programas de riego.
Con esta experiencia mirar a México, el esquema de la Guardia Nacional, las declaraciones de mandos militares y la histórica relación de las estructuras de mando con EU a quienes la Guardia Nacional ayuda con 15 mil elementos que persiguen migrantes, debe dejar claro a nuestro pueblo que no puede esperarse ninguna transformación con las fuerzas armadas en las calles, dispuestas a intervenir cuando no se favorezcan los intereses imperialistas.
En estos minutos en Bolivia el pueblo está en la calle y pese a los discursos gobiernistas, no es la defensa del gobierno exiliado de Evo lo que está en primer plano, en primer plano está el pueblo de Bolivia que con sus organizaciones se enfrenta a la reacción y el fascismo, mientras la dispersión de las masas, hoy es el principal problema a atender.
Para concluir queda preguntarnos ¿Los pueblos podemos confiar nuestro destino a la esperanza de cambio y a la justicia venida desde arriba? ¿Un pueblo desorganizado y desmovilizado puede enfrentar golpes de Estado o políticas antipopulares? ¿Aprenderemos la lección Boliviana?

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