La muerte y el mexicano

Por Cinderrella

“Que tu corazón se enderece, 
aquí nadie vivirá para siempre”
Nezahualcóyotl

En todo el mundo la muerte es concebida como un momento de tristeza, añoranza, recuerdo, dolor y sufrimiento, pero también de respeto, miedo y honor.

Cada cultura enfrenta de forma distinta su encuentro ante el final. De Oriente a Occidente, los dos grandes rubros culturales que contrastan entre sí radicalmente, poseen características propias de su pasado. El budismo por ejemplo concibe a una muerte necesaria para poder rencarnar y volver a vivir dependiendo como fue nuestra vida pasada,  por otro lado, el cristianismo señala que ante el último aliento de vida física surgiría una nueva y eterna en un reino espiritual, producto de la gracia divina Dios. No sorprendería que esta promesa haya atraído a más de uno a volverse al cristianismo, pues lejos del amor a Dios o al prójimo, es este temor a la muerte, al después, por lo que abrazamos la idea de una vida  eterna. Sin duda esta interrogante se ha sembrado alguna vez en todos nosotros. Sería desconcertante enfrentarse a la idea de perderse en la nada, desaparecer, ser recuerdos de lo que fuimos e hicimos y ser consumidos simplemente como materia. Quizá la vida eterna y la reencarnación no sean más que dulce esperanza para este temor inmemorial del hombre.

Por su parte en México la muerte es producto de un sinfín de peculiaridades, desde el cristianismo, hasta su pasado prehispánico. Decía un alfarero oaxaqueño, cuyo nombre no recuerdo, que nada distingue más al mexicano que su pasión por la muerte y su admiración por las flores (las mujeres). Porque si hay algo que fascina al extranjero e incluso lo desconcierta es la actitud del mexicano ante la inexistencia de vida. Sin embargo pareciera una muerte más viva que ninguna. Al respecto Octavio Paz escribía que  “El mexicano frecuenta a la muerte, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor permanente”.

 El fin sin fin pareciera esconder tanta alegría, sin embargo muy en el fondo está repleto de nostalgia. Le cantamos, nos volvemos valientes junto ella, pero le lloramos y reprochamos. Es algo que se fue y sigue aquí, la retenemos como si con ella retuviéramos a nuestros seres queridos, les llevamos flores, pasamos la noche como si nunca se hubiesen ido.  Pintamos la catrina, le ponemos plumas y velos, vestimos la calaca de charro y le ponemos nuestro nombre a la calaverita. El día de muertos en México es una fiesta patria, donde sonreímos por los que ya no están para aminorar nuestro pesar.

 El día de muertos en México tiene su origen en el mundo prehispánico, que a lo largo del tiempo ha ido y trayendo, transformando y adaptando costumbres. Morir era para entonces trascender, era un acto de valor y honor, de honrar a los dioses; el miedo era un veneno que se metía en el corazón.  Hoy, la muerte en México es lo más trágico de la vida como para todo el mundo, pero en el día de muertos la enmascaramos, la pintamos y bailamos con ella. Le hacemos canciones para que sepa picante, pero sabrosa, tal vez solo sea  una reacción del inconsciente ante lo que se ha ido y no volverá jamás. Así es nuestra muerte, la que cargamos todos. Feliz día de muertos a todos ( que ironía).

 

___Todo nuestro contenido es libre de compartir___

Comenta esta publicación

Comentarios