La Independencia Burguesa

Por: Geovanni Téllez

De todos los procesos independentistas de América, el estadounidense se distingue de todos los demás no solo por el hecho de haber sido el primer movimiento en haberse gestado dentro del continente, sino porque manifiesta otras diferencias importantes que valdrá la pena analizar.

En primer lugar mencionaremos que la separación cronología, quizá mínima, pero considerable en comparación a los procesos latinoamericanos, corresponde a su situación respecto al gobierno gestor. El territorio comprendido por las trece colonias estaba sujeto a Inglaterra y no a España, de tal forma que todos los procesos de independencia de las colonias españolas y virreinatos  siempre fueron causales  de un contexto general, cuando los problemas administrativos surgieron y desembocaron en las insurrecciones de la mayoría de los territorios de la Corona española, debido principalmente a sus similitudes y sujeción compartida. Pero la revolución estadounidense tuvo algo más que una temprana estrategia diplomática y para ello deberemos recurrir un poco a la historia de la historia. Cuando los primeros colonos provenientes de Inglaterra arribaron a América  poseían consigo  barcos, víveres y pocas esperanzas de sobrevivir, sin embargo contaban además con avance un relativo en el comercio, en los métodos financieros, en la banca y un cierto progreso técnico en la navegación.

La Inglaterra de la provenían estos colonos sería la que de 1760 a 1820 fraguara la revolución industrial en Europa. Si bien en los años posteriores el crecimiento poblacional se debería principalmente a los inmigrantes  europeos, esta sociedad colonial tendría en sus bases toda la estructura económica inglesa. Pero las olas migratorias abrían también un nuevo panorama ideológico distinto al resto de las colonias de América: el protestantismo, quien miraba con buenos ojos la riqueza y la propiedad de su comunidad, diferencia esencial con su contraparte el catolicismo. El mestizaje fue otra gran variante diversa a la América españolizada en el que esta fue una constante.

De esta forma tenemos que la sociedad colonial inglesa estaba compuesta de inmigrantes protestantes cuyas bases económicas se fundamentaban en la explotación y producción de la tierra. Los pilares del Estado Nación Norteamericano fijarían sus bases en el desarrollo económico, social y político en la estructura del viejo continente, desde sus primeros pobladores hasta su independencia. Las constantes guerras en Europa, particularmente los conflictos entre Francia e Inglaterra proyectaron a estas colonias como unas de las más ricas y productivas, fundamentalmente por la constante demanda de sus productos en la metrópoli. He aquí la parte más representativa del argumento revolucionario norteamericano, la defensa de la riqueza y prosperidad que habían sembrado desde su llegada. Las trece colonias contaban con una clase media sólida y productiva, las exportaciones e importaciones crecían con rapidez en comparación con las españolas.  La mayoría de la población continental vivía del campo y para el campo, sin embargo la variante que lo convertía en un éxito para la producción y un imán para quienes se proponían construir una riqueza imposible en Inglaterra y en general en Europa por los grandes terratenientes, era la relativa facilidad con la que se hacía adquisición de la propiedad. Las oportunidades encontraban un equilibrio tanto para los pequeños como para grandes capitales. Las trece colonias se distinguían por sus grandes plantaciones y haciendas familiares, siempre a la espera de las demandas europeas.

Cuando los conflictos con la gran metrópoli surgieron, producto de una serie de impuestos implantados por la Corona al comercio local, estos detonaron inicialmente en un conjunto de comités que buscaban el bienestar común. Las colonias continentales habían defendido desde su comienzo su derecho a ser gobernados como un territorio más de Inglaterra, nunca como un territorio subordinado. El conjunto de estos malestares sociales estalló rápidamente en la guerra de independencia. Sin embargo a pesar de la guerra no existió una ruptura del orden social y mucho menos económico, si algo miraron siempre con anhelo las colonias era su autonomía. El orden social nunca fue fragmentado, al concluir las hostilidades el gobierno recayó en esta clase media constituida por los grandes productores agrícolas. El historiador Willi Paul Adams en su obra “Los Estados Unidos de América” concluye que la revolución americana (en la que no hubo algún cambio en la estructura social- revolución sin revolución) fue una revolución burguesa por excelencia; la toma del poder por una gran parte de las capas altas y medias de la burguesía colonial europea en contra de la presión de dominio de una monarquía constitucional.

 

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