Hecho en México

Luis Fernando Dávila

La sociedad occidental evoluciona a pasos agigantados. En los países más desarrollados el progreso tecnológico y social va de la mano con el crecimiento económico cualitativo con impacto en la población, pero en México la realidad es distinta.

El modelo económico neoliberal no parece compaginar con el estilo de vida tradicional del mexicano promedio y esto se ha visto traducido en un lamentable deterioro en las finanzas de los productores del sector primario; en el pasado los mexicanos exigían tierras para trabajar, hoy esas tierras están en peligro por la cada vez menor afluencia de personas en los mercados mexicanos.

Ahora muchos desprecian los productos que venden los comerciantes y productores connacionales. Sin darnos cuenta estamos arrastrando a nuestros compatriotas a buscar mejor suerte vendiendo sus cosechas a las grandes transnacionales, cambiando la semilla de alimentos íntegramente mexicanos por semillas de las empresas productoras de transgénicos, dejando a nuestros agricultores con la espalda contra la pared.

¿De qué sirve que la tierra sea de quien la trabaja si no se puede vivir dignamente de ella? No dejemos morir el campo mexicano, la agricultura es un tesoro y un bien básico para el desarrollo de nuestra nación; los frutos grandes y coloridos de los supermercados nunca tendrán el mismo sabor que aquellos que han sido extraídos por los trabajadores mexicanos que venden productos completamente orgánicos y verdaderamente maravillosos para el paladar. No nos dejemos arrastrar por el clasismo empedernido ni por el malinchismo que tanto ha afectado a nuestra nación.

Cuando compras en tu mercado local, apoyas al desarrollo de la economía en tu localidad y la sociedad en conjunto puede subsistir sin la necesidad de ser una esclava moderna del corporativismo.

 

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