¿Hacia dónde debe ir la democracia mexicana?

Respuesta tentativa de un ciudadano común a un problema teórico

Marco Antonio Gutiérrez Martínez

La democracia es el paradigma político actual en buena parte del mundo (de occidente a oriente). Países de todas las latitudes del globo terráqueo se preguntan, al igual que México: ¿Cómo se construye la democracia efectiva? Pregunta que no sólo las esferas intelectuales ―o que creen serlo― se hacen, también el ciudadano común, como el que ahora les presenta este texto, lo hace.

La finalidad de este trabajo es contribuir al debate teórico sobre qué debería ser la democracia en México. Teórico, porque no se hace desde una mirada partidista en el duelo de antaño izquierda-derecha; la propuesta que se retoma terminaría beneficiando a todo el espectro político en que se divide México y los países de sistema político partidista y no partidista. El caso de México es buen ejemplo con la incorporación de candidatos independientes y que este año veremos al primero (Margarita Zavala) en la boleta electoral para elegir presidente del país.

Como podrá ver el lector, este trabajo en un primer momento es un listado de problemas, no porque el autor sea pesimista o “criticón” (que sí habría algo de cierto), esto pasa porque él cree que la base de toda mejora es la crítica, en cualquier aspecto, así que para proponer algo, primero se debe hacer un balance de lo que se tiene ahora (cosa que muchos políticos deberían hacer en estos tiempos electorales, sobre todo los que vienen de partidos que están en el poder actualmente).

Votar… ¿para qué?

Uno de los principales problemas con los que lidia el régimen político democrático, de cualquier filiación política, es la falta de interés entre la población por involucrarse en la política. Los políticos, en lugar de preparar propuestas reales, concretas, e informar a la población para que tengan un “voto informado” (perdónese la redundancia), prefieren recurrir al clientelismo político ―comprar los votos―.

La política es vista como una actividad negativa, de ahí frases populares que el lector ha escuchado o ha dicho como: “todos los políticos son iguales”, “para que votar si ya saben quién va a ganar”, etc. La culpa, naturalmente, no es del ciudadano común, ya que no tiene a su alcance la información apropiada y el Estado (entendido como el gobierno) no se ha encargado de educar al pueblo para que pueda entender dicha información.

El otro problema, en este aspecto, es la falta de confianza en las instituciones políticas; no únicamente se desconfía de los políticos sino también de las instituciones. Por ejemplo, no hay mecanismos que den certeza más o menos generalizada en la validez de una elección, porque no hay un conteo “voto por voto” total, lo que genera desconfianza y una falta de legitimidad en el <<ganador>> de la contienda, además de una falta de autonomía de los organismos encargados de llevar a cabo la elección, basta con citar el caso de la elección de gobernador en el Estado de México el año pasado (2017), donde no hubo certeza generalizada de que Alfredo del Mazo (del PRI) le hubiera ganado a la que parecía, incluso en el PREP la ganadora, Delfina Gómez (de Morena).

Democracia: definición y problemas en la práctica

Entrando al problema real al que busca contribuir este trabajo (para hacerlo más grande y confuso o más entendible, eso lo juzga usted lector), qué debería ser la democracia en México, comenzare por lo general para llegar a lo particular: suele ser definida la democracia por su etimología, que la mayoría de la gente conoce ya que es repetida hasta el cansancio,  el poder del pueblo. Es la definición más general que existe sobre el concepto. Muchos autores, a través del tiempo, se han esforzado por definir a la democracia, para ir construyendo este régimen político.

Se podría llenar al lector de definiciones, que al par de los minutos, por su cantidad, las olvide fácilmente, así que simplemente se recomiendan para su consulta, por su claridad la obra de Giovanni Sartori ¿Qué es la democracia? Y de Luis Salazar y José Woldenberg Principios y valores de la democracia, editado por el ahora antiguo Instituto Federal Electoral.

La propuesta conceptual para el termino democracia viene de la obra Hacia una historia del poder en México, editado por la Universidad Autónoma del Estado de México / Universidad Nacional Autónoma de México / Editorial Miguel Ángel Porrúa, donde Francisco Lizcano Fernández, después de hacer un análisis de otros conceptos, propone uno general de democracia, utilizando sólo tres variables: el acceso al poder, la actitud del gobierno frente a la oposición y la división de poderes.

El acceso al poder en la democracia siempre debe ser por la paz, en elecciones libres y competidas dice Lizcano. El gobierno debe ser tolerante con la oposición y debe haber una distribución de poder, como en el caso de México, en tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial).

De acuerdo a lo anterior, la democracia en México debería ir fortaleciendo estas tres variables, que si bien existen avances significativos en todos los aspectos, falta reforzarlos. Las políticas actuales, repito, de cualquier filiación política, deben luchar por fortalecer las instituciones que den certeza a las elecciones, que se aseguren que sean limpias, porque, de la forma que sea, competidas ya lo son (hay más de un candidato en la papeleta). Deben reconocer y respetar la pluralidad social y política: las diferencias culturales, religiosas, sexuales, económicas, etc. Porque al reconocerlas se trabajaría para crear una cultura de la pluralidad, donde, y aunque suene a spot se dirá, todas las voces cuenten (pero que cuenten de verdad). Y por último, los políticos deben cerciorarse de que haya un equilibro de poderes, que en “el papel” ya existe, los tres poderes, pero que por la corrupción, parecieran los tres una máquina que se mueve al mejor postor.

Una propuesta utópica, ya que como desde el título se dijo, es la propuesta tentativa de un ciudadano común; no es una formula permanente (por eso el calificativo de tentativa), tampoco viene  de un político rico e influyente que lo dice para ganar votos y que en su demagogia, es capaz de decir lo que sea por “quedar bien”. Como sociedad debemos tomar conciencia de nuestra condición de ciudadanos, porque es válido quejarse, para eso nosotros pagamos por los errores políticos, sobre todo económicos que son los que más nos duelen, lo que no es válido es quejarse y no hacer algo, como votar y/o  convertirse en un ente político por el cual se pueda votar, porque el voto parece una tontería, pero por algo muchos partidos invierten millones en comprarlos.

 

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