Ha quedado en la memoria

McDonald´s de Tollocan en el año de 1993 imagen tomada de la película “Un año perdido”

 

Tania Hernández Ramírez

I

La Toluca que describió Von Humboldt en 1804 era una ciudad fría y con un enorme guardián, el Nevado de Toluca. La que describió José Vasconcelos en su Ulises Criollo fue la de los dulces cristalizados, con sus habitantes fríos y antipáticos. Toluca ha crecido desproporcionalmente, paulatinamente a partir de la creación del parque industrial en 1970; sin embargo, esa generación que llegó durante la década de los 60 y 70 del siglo pasado de poblados cercanos al Valle, afirma que a partir del terremoto de 1985 Toluca creció. Actualmente la población crece gracias a los habitantes foráneos que estudian en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex) y en las diferentes universidades privadas que pululan, basta salir en periodo vacacional a la ciudad para notar que la ciudad muere.

El arquitecto Alberto Lagner cuenta que en el centro histórico se comenzaron a derribar edificios porfirianos de las calles Lerdo de Tejada y 1° de mayo, esto debido al desgaste que tenían. En su lugar se construyeron tiendas de servicio y talleres de hojalatería y pintura. A pesar de que el Ayuntamiento regulaba dicha demolición con un peritaje del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), es notable que existieron personas que se saltaron dichas disposiciones “por influyentismo o por alguna determinación, sin que las autoridades les haya multado u ordenado tirar dicha construcción”.1 Por otro lado a partir de las administraciones panistas en el año 2000, la remodelación del centro histórico de Toluca no se ha detenido. Basta observar los Portales de Toluca, La Alameda, el Jardín Zaragoza, la Plaza España, la antigua cervecera en el edificio del desaparecido Museo Modelo de Ciencia e Industria (MUMCI), etc. Para denotar que Toluca se transforma día a día, y que ahora es una ciudad híbrida, pasiva, fría e insegura.

II

Dicen que en Toluca nunca pasa nada, pero mi padre me contó que cuando él tenía once años vio desfilar una bandada de mugrosos, melenudos. No lo dejaron salir, más tarde supo que les decían “jipis” y que se dirigían al Festival de Rock y Ruedas en Ávandaro. Lo que a mi padre no le explicaron fue lo que nos dice José Agustín sobre esos jóvenes “la vida en México les quedaba chica: era demasiado paternalista-autoritaria, prejuiciosa e hipócrita, con criterios morales dignos del medioevo, […] con metas demasiado materialistas y envueltas en la corrupción. La llamada brecha generacional había abierto una distancia terrible entre jóvenes y adultos”.

III

Mi abuelo Juan Ramírez fue contemporáneo de Octavio Paz, ¿Lo habrá conocido? ¿Mínimo habrá escuchado su nombre? Al menos sé que la madre de mi padre conoce la Biblia y se trauma con el Apocalipsis, también tiene la idea de que la entrada al cielo es estrecha y la del infierno enorme. Cuando me lo contaba me daba miedo y risa, mencionaba que si no me comía los restos de mi plato un día iba a ser cerdo y me iba a encontrar todo lo que fui dejando. La última vez que le vi me mencionó que ella quiere entrar al cielo, ahora solo encomienda su vida a Jehová. Será extraño cuando muera, quizá me reúna con gente que no conozco, quizá nunca le vuelva a ver, saber que compartimos genes.

Mi padre menciona que Juan Hernández vendió todo en Santa María Endare y salió con sus nueves hijos rumbo a Toluca en busca de una vida mejor en 1968. Al llegar guardó todo en un banco, mi padre llegó a cursar el tercer grado en la primaria Miguel Alemán, ubicada frente al jardín Leyes de Reforma, actualmente entre Independencia e Isidro Fabela. Con lo que tenían en el banco alcanzó para que vivieran dos años cómodamente. Como mi abuelo se aburría se alquiló como afanador en una mueblería que se ubicaba frente a la antigua terminal, sobre la avenida Benito Juárez. El edificio favorito de mi padre era Rectoría; según él se quedaba horas observándolo. Ellos vivieron donde ahora es el centro comercial Grand Plaza Toluca, en vecindades hoy desaparecidas que se ubicaban a lado de la terminal. Todos despertaban a las 5 de la mañana porque a esa hora se iniciaban actividades y el ruido de los motores no se soportaba. Qué extraño: de escuchar el silencio del llano de Jocotitlán a la urbanidad de la Bella Toluca.

IV

Pertenezco a la generación que comió su primera hamburguesa en el Mc´Donalds de tablajeros, acompañé a mi madre a comprar productos gringos en el Gran Bazar y compré el primer número de Eres niños en el Wal Mart que más tarde construyeron. Era la Toluca que  se transformaba a la par de sus puentes vehiculares de Tollocan, por donde pasan a su llegada todos aquellos que año tras  año vienen con la convicción de cambiar su vida en el cerro de Coatepec.

Los trabajos son nulos en la zona industrial, los otros tenemos que salir de la ciudad de oportunidades para pocos y hermetismo para los otros. Se “condena a la mayoría de los jóvenes al desempleo aunque tengan buenas credenciales académicas”, dijo el escritor Enrique Serna en el homenaje a José Agustín el pasado abril en Taxco, Guerrero.

V

Ha quedado en la memoria de pocos la Toluca que se recorría por Venustiano Carranza, las torrenciales lluvias de otoño de las avenidas principales, esos árboles han muerto. El sol en la cara, el viento templado de octubre. Es noviembre y la ciudad del dios Tolo se prepara para teñirse de colores, olores, rostros y muerte.

He perdido la cabeza, he perdido la noción del tiempo. Eso pensaba esa tarde al salir de mis prácticas profesionales en la Benemérita y Centenaria Normal para Profesores. Como se ha transformado la Toluca de Villada, la de González Arratia, la de los franciscanos, mercedarios y carmelitas descalzos que llegaron a la pequeña región del cerro del toloache. Toluca, el infierno de los diablos; Toluca del chorizo; Toluca la bella y la fría. Te ha transformado tu gente. La Toluca de mis días ya no es de madrugada y con caminatas cortas para llegar a casa. La llegada se vuelve un obstáculo por los que acechan en el transporte, en las colonias. En qué momento rompieron tu frialdad Toluca.

Referencias

1.- Alberto Lagner, “Conservar la fisionomía de Toluca”, El Sol de Toluca, México, 27 mayo 1990. La parte 1 de esta crónica se publicó en Imagina del 16 de marzo del 2014.

 

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