EUA y México: dependientes en aspectos de seguridad y comercio

10-05-2018

Por Pamela Vazquez

Las elecciones presidenciales mexicanas se acercan cada vez más y las re-negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte siguen inconclusas, las cuales, de acuerdo al presidente Trump, están en vista de retirarse pasando las elecciones. A pesar de la tentativa del presidente americano, esta institución no sólo es de vital importancia en materia comercial para los tres países (México, Estados Unidos y Canadá), pero también en materia de seguridad. La cancelación del TLCAN significaría, al menos, un periodo de desestabilización (por tanto pérdidas económicas de un mercado clave en sus economías) y, por otro, una crisis de seguridad sobre problemáticas interrelacionadas con México como la migración, la minería o el tráfico de armas por decir sólo algunas.

La crisis de desaceleración que tiene Estados Unidos en sectores y mercados estratégicos como el de acero y la pérdida de su hegemonía económica en el mundo con el alza del Yen, ponen a este país a pensar muy bien sus alianzas económicas. Aquí entra Trump y la comunidad empresarial, sin embargo, su estrategia parece ir contrario a las tendencias globales implementando políticas aislacionistas que amenazan, general fricción y miedo con el fin de manipular a los actores locales, regionales y globales a favor de su economía.

A no ser de los mecanismos democráticos a nivel domésticos e internacionales como la cooperación internacional, mesas de negociación o presión internacional, las cuales han servido como colchón para evitar un mayor abuso hacia México por parte de EUA, es algo que Trump mismo no está cuidando y parece no ver: el poder político americano ya no es el mismo que hace 10, 20 o 70 años. La presencia y la presión por parte de este país se ha diluido gracias a nuevos factores (que muchos surgieron gracias a la globalización) como las redes sociales, alianzas económicas, cooperación internacional para el desarrollo, cooperación internacional para cuestiones de seguridad, presencia de organismos e instituciones internacionales.

Sus políticas de intervención como la Siria en pro de la democracia, libertad y autodeterminación, vistas más como oportunismo americano, sus políticas de cooperación para el desarrollo y humanitaria como USAid vistas más como estrategias blandas impuestas para su influencia regional, o su política económica aislacionista ya no impactan tanto, como antes, el orden mundial. Existen, gracias a los factores antes mencionados, más opciones de acción por parte de otros estados u actores que ya no coinciden a nivel ideológico, político u económico con la administración de Trump, entre estos, México.

A pesar de que México se esté usando a su favor estos mecanismos del sistema internacional, como el próximo Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea, y los otros 12 Tratados de Libre Comercio con 46 países (TLCs), 32 Acuerdos para la Promoción y Protección Recíproca de las Inversiones (APPRIs) con 33 países y 9 acuerdos de alcance limitado (Acuerdos de Complementación Económica y Acuerdos de Alcance Parcial) en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), nuestra economía sigue siendo estrechamente dependiente de la del vecino. Esto se puede ver con el récord histórico de 557,000 millones de dólares en el comercio bilateral, teniendo México un balance a su favor con esta relación.

Sin duda, Trump se ha visto desesperado ante el TLCAN. Su política de “primero nosotros”, “trabajo para los americanos” y amenazas de salirse tratado han sido trucados incluso por el senado, la comunidad empresarial y hasta el ejército americano alegando la necesidad de mantener el tratado por cuestiones de seguridad. Claro, el primer país consumidor de opiáceos y otras drogas sintéticas producidas o que transitan por México son este país. La guerra contra el narcotráfico o el fenómeno de migración (causada en gran parte por inseguridad causada por narcotráfico y bandas delictivas en países centroamericanos) no se puede resolver sin la participación de Estados Unidos. Queda en las manos del próximo presidente y su gabinete definir (otra vez) esa relación.

Siendo entre el 90 y 94 por ciento la droga consumida en EUA procedente de México de acuerdo al Departamento de Estado de Estados Unidos; un promedio de 253,000 armas de fuego ilegales en México provienen del país vecino y, un total de 836 millones de dólares en la venta de armas de fuego, aviones, helicópteros y otros equipos para que el ejército mexicano combata el narcotráfico (de acuerdo a la investigación The Way of the Gun, del 2017 de la Universidad de San Diego). Asimismo, los años de migración de centroamericanos y mexicanos a Estados Unidos iba en alta, ahora siendo México un país receptor de migrantes, nos indica que la relación México-Estados Unidos no puede tornarse áspera y difícil, porque las consecuencias irán sobre la seguridad de los ciudadanos de ambos países.

Para concluir, después de entre 30,000 y 50,000 desapariciones (de acuerdo a organizaciones civiles), más de 230,000 muertes por homicidio doloso, entre ellos, la estimación de más de 170,000 personas que han perdido la vida debido a incidentes relacionados con el crimen organizado y un aumento en de consumo de drogas en México y Estados Unidos son claros fenómenos de los cuales, indudablemente, Estados Unidos forma parte. La estrategia de seguridad doméstica, cooperación internacional y justicia (estrategias anticorrupción e impunidad) en relación con EUA, propuesta por los candidatos a la presidencia, será de vital importancia para terminar una guerra que no parece tener fin, además de defender la soberanía nacional y cuidar el posicionamiento de México en la comunidad internacional.

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