Espíritu emprendedor

Luis Fernando Dávila

En el México del siglo XXI el ciudadano promedio sale a las calles con la esperanza de encontrar un trabajo en cualquier empresa. Muchos estudian y dedican gran parte de su vida para poder ser empleados bien remunerados, pero, ¿realmente tienen altas probabilidades de tener un buen sueldo?

El panorama es crudo y desalentador para muchos jóvenes que ven frustrada la idea que tenían sobre la vida adulta, con dificultades para encontrar un empleo, y una vez hallado,  deben lidiar con un salario insípido que no siempre logra satisfacer todas las necesidades del individuo.

Muchos sueñan con trabajar para las grandes transnacionales extranjeras, pero pocos son los que sueñan con tener su propia transnacional.

El espíritu emprendedor, proveedor de empleos, generador de riqueza y puerta hacia la innovación, es una conducta que ha hecho de las grandes empresas lo que son y que actualmente nos llama como una necesidad que está aguardando a ser descubierta por el mexicano promedio, el cual muchas veces no ha sabido ver más allá de un empleo o un pequeño negocio local.

Con un mercado inundado por productos extranjeros podemos remontarnos a la época dorada de las paraestatales mexicanas, protegidas muchos años por el Estado. ¿Qué ha pasado con ellas? No todas sobrevivieron al neoliberalismo. La poca contundencia en comparación con las empresas extrajeras hundió  a gran parte de los productos mexicanos, que acompañados del malinchismo se perdieron en el abismo empresarial.

Existen muchísimas posibilidades para incursionar en el mercado: la inversión al campo, las tecnologías y el entretenimiento son solo algunas de las múltiples facetas que el emprendedor mexicano puede adoptar. No es fácil, pero si queremos que la economía prospere es necesario expandir el espíritu emprendedor, otorgando facilidades a los mexicanos que gusten de ser las fuentes de empleo que tanto necesita este país. Si existe un amplio presupuesto para programas sociales ¿por qué no aumentar el apoyo y el fomento a la pequeña y mediana empresa mexicana? De esta manera también se puede mitigar la pobreza, no directamente, pero sí atacando una de las raíces del problema.

Pongámosle un alto a la falta de empleo, a los monopolios, a los precios altos y a la baja calidad de los productos; apoyemos al empresario mexicano, pues este no es ninguna amenaza para el país, al contrario, el sector privado puede aportar el progreso que México necesita, sin conformarse con lo pequeño y aglomerando las grandes aspiraciones, no solo del burgués, sino del país entero.

___Todo nuestro contenido es libre de compartir___

Comenta esta publicación

Comentarios