Enfrentamientos, fuego y sangre en el Congreso de Guerrero

Se cumplen siete meses de la masacre y desaparición de normalistas en Iguala; organizaciones, padres de los desaparecidos, CETEG y Ayotzinapa se movilizaron en Chilpancingo Foto. API

 

Chilpancingo, Gro.- Cumplidos los siete meses de la masacre y desaparición de estudiantes en Iguala, padres de los 43 desaparecidos, normalistas de Ayotzinapa, CETEG y organizaciones aliadas marcharon en Chilpancingo para exigir justicia. La movilización concluyó en un enfrentamiento contra policías estatales y federales, luego de que los protestantes atacaron la sede del Congreso del Estado donde este lunes se pretendía elegir al gobernador sustituto que concluirá el periodo 2011-2015 que inició Ángel Aguirre Rivero.

 

La marcha…

Desde las 10:00 de la mañana se empezaron a concentrar en el monumento a Nicolás Bravo, las bases de diversas organizaciones que participarían en la marcha enmarcada en la décima primera acción global por Ayotzinapa.

Llegaron la parte disidente de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación en Guerrero (CETEG) que encabeza Antonia Morales Vélez, el Frente de Defensa Popular (FDP), integrantes de la Coordinadora Estatal de Transportistas Independientes del Estado de Guerrero (CETIG) y damnificados por la tormenta “Manuel” en Chilpancingo. Todos eran encabezados por normalistas de Ayotzinapa y los padres de familia de los 43 desaparecidos.

A las 12:30 del día inició la caminata hacia el sur de la ciudad sobre la avenida Insurgentes. Se incorporaron a Vicente Guerrero para cruzar por el centro de la ciudad y luego se pasaron a la avenida Miguel Alemán. Continuaron en la misma dirección hasta llegar a la avenida Lázaro Cárdenas hasta Ciudad Universitaria, y se introdujeron en la avenida Ruiz Massieu para llegar al Congreso del Estado.

Un grupo de normalistas se adelantó durante la movilización y otro más llevó seis vehículos de empresas privadas hasta el Congreso. Los colocaron alrededor del edificio y tres fueron utilizados para derribar los portones de acceso al del estacionamiento y a la explanada frontal que conecta hacia la parte del recinto legislativo.

Ya que habían logrado ingresar al edificio, normalistas encapuchados lanzaron piedras hacia los ventanales de las diversas oficinas y del recinto, rompiendo los cristales. Unos se introdujeron a la biblioteca donde rompieron libros y papelería mientras que otros roseaban de gasolina los vehículos.

De forma paralela, las seis unidades fueron quemadas mientras los estudiantes cubiertos del rostro continuaban lanzando piedras hacia las oficinas. En ese momento los contingentes de la marcha estaban arribando ya al Congreso, pero no lo atacaron más.

Una de las camionetas que son utilizadas para trasladar comida chatarra, fue chocada contra el monumento al Bicentenario de la Revolución en el estacionamiento del edificio, mientras que otra fue estampada contra la enorme puerta de cristal que da acceso al recinto donde se celebran las sesiones. Ahí le prendieron fuego.

El enfrentamiento…

En cuestión de minutos arribó el primer grupo antimotín del Gobierno del Estado. Unos 30 elementos se formaron frente al Congreso desde la avenida René Juárez Cisneros, junto al río Huacapa.

Fueron recibidos a pedradas por un reducido grupo de normalistas y en reacción, los granaderos dispararon petardos con armas especiales y lanzaron gas lacrimógeno. Una bomba molotov explotó en el lugar generando un poderoso estruendo, lo que desató una guerra de petardos y bombas entre ambas partes.

Como escenario detrás del encontronazo estaba el Congreso del Estado rodeado de fuego y humo negro. Los contingentes de la marcha se dispersaron y huyeron, quedando en el sitio solo el pequeño grupo de normalistas que estaba enfrentándose a los antimotines.

Poco a poco fueron llegando más granaderos lo que provocó que los encapuchados se replegaran y huyeran hacia el norte. Por un momento el grupo de uniformados persiguió a los estudiantes y continuó atacándolos con piedras, petardos y gas.

Sonaron al menos otras tres bombas mientras huían los estudiantes pero a la altura del puente que está frente a Ciudad Universitaria decidieron cesar a la agresión y regresar al Congreso.

Algunos policías tomaron extintores y empezaron a tratar de apagar el fuego en las camionetas y los accesos al edificio que alberga el poder legislativo. Enseguida llegaron los bomberos y terminaron con esa tarea en todos los puntos donde había fuego.

El humo rodeaba el edificio legislativo y por momentos lo cubría, mientras empezaron a llegar elementos antimotines de la Policía Federal comandados por “Espartaco”.

Cuando parecía haber terminado el enfrentamiento, llegaron por la parte trasera del Congreso, sobre la lateral norte-sur del boulevard Vicente Guerrero, al menos 40 normalistas encapuchados. Parecía que regresaban a la parte frontal del Congreso pero los policías se dividieron en grupos y empezaron a dispararles petardos y gas desde diversos puntos de la avenida Ruiz Massieu y el encauzamiento del río Huacapa, lo que provocó otra huida de los estudiantes.

Huyeron hacia el sureste con dirección hacia Casa Guerrero, atravesando los cuatro carriles de la autopista del Sol. Los jóvenes esquivaban piedras, bombas y petardos mientras corrían para evitar ser detenidos. Los policías siguieron la misma trayectoria detrás de ellos.

A la altura de las oficinas de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en la avenida de la Juventud, los uniformados recibieron la orden de frenar la persecución y regresaron para blindar la sede legislativa. A su camino recogían toda evidencia de las bombas y petardos que ellos lanzaron.

Para ese momento ya solamente había policías federales (unos doscientos aproximadamente), pues los estatales se habían retirado desde que inició la segunda persecución. Se fueron entre insultos de los elementos federales que gritaban a los normalistas y a ellos (los policías estatales) “cobardes”; a unos por huir y a otros por no continuar persiguiendo a los manifestantes.

Los federales continuaron al menos una hora resguardando el Congreso mientras que otro grupo se concentró cerca del centro e hicieron correr el rumor de que irían al plantón de la CETEG en el zócalo de la ciudad, por lo que ahí todas las organizaciones sociales en respaldo al movimiento de Ayotzinapa permanecieron en alerta durante el resto de la tarde.

Un elemento de la Policía Federal fue capturado mientras se registraban estos hechos, mismo que fue entregado a autoridades de derechos humanos después de las cuatro de la tarde.

Mientras tanto, en el plantón del zócalo de Chilpancingo curaban las heridas de los jóvenes que habían sido blanco de las piedras, petardos, bombas y gases que lanzaron los policías, aunque no se especificó cuántos heridos había. Se pudo observar que al menos tres recibían curaciones, algunos de ellos sangraban abundantemente de sus heridas.

Estas movilizaciones y agresiones al poder legislativo se dan en el marco de los siete meses de la masacre y desaparición de normalistas en Iguala, pero además mientras se da un proceso de cambios en el gobierno del Estado.

 

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