El gobierno que merecemos

Luis Fernando Dávila

El gobierno siempre tiene la culpa. Este pensamiento se convirtió en una tendencia generalizada en la psique de los mexicanos, algunos más informados que otros, pero al fin de cuentas prevalece una desconfianza hacia los servidores públicos gracias a los escándalos en los que se han visto involucrados, muchos de estos descubiertos y popularizados gracias al auge de las redes sociales.

Se ha satanizado al ejecutivo, a los legisladores, a los cuerpos policiacos e inclusive a las cadenas de televisión. Si bien el panorama nos indica que gran parte de las problemáticas que sufrimos actualmente como país han sido causadas por conductas inadecuadas y malas decisiones tomadas por altos funcionarios, es  menester señalar que estas personas forman parte de la sociedad mexicana, personas acusadas de corrupción y poca eficacia que son productos de un sistema social mexicano en el que habitamos todos nosotros, un sistema corrupto e ineficaz.

El mexicano promedio es susceptible a opinar negativamente de sus superiores, cuando él es incapaz de por lo menos respetar el reglamento vial y dirigirse respetuosamente hacía las personas a su alrededor; fácilmente critica los actos de corrupción que se le impugnan a los políticos, pero es hipócrita ya que él fomenta la corrupción en menor escala con la práctica del soborno; se queja del bajo salario mientras no hace ningún mérito para obtener mejores remuneraciones; critica acciones por simple imitación sin reflexionar o informarse siquiera qué es lo que está argumentando. Pareciera que el ciudadano se victimiza en lugar de buscar la manera de ser un héroe en su entorno.

Lamentablemente la pandemia de desinterés, así como la saturación y el bajo aprovechamiento de la información mantienen a los mexicanos en el limbo moral, del que lamentablemente se compone toda la organización del Estado contaminado por las conductas retrogradas en las que el individuo busca salir victorioso, flagelando al resto sin importar las consecuencias sociales que implica.

Es una vergüenza decir que gran parte de los mexicanos son flojos, dóciles y sin aspiraciones laborales a largo plazo. La mediocridad es una constante y la vida al día una realidad. Se busca siempre ser un empleado bien pagado, con pocas responsabilidades y poco esfuerzo; pero, pocos buscan ser el mejor empleado o inclusive emprender un negocio formal e innovador que por difícil que parezca se ha demostrado que es posible. Aun así, la lucha de clases separa cada día más la brecha entre ricos y pobres con barreras sociales y prejuicios que impiden el crecimiento.

Merecemos este gobierno, porque vino de nosotros, se educó en la sociedad mexicana, fue escogido por el pueblo mediante la democracia y a pesar de que no se están teniendo óptimos resultados, el ciudadano solo hace ligeras observaciones, se queja y sigue su camino repitiendo el patrón que lo lleva cada vez más rápido a la miseria económica, intelectual, física y espiritual.

 

___Todo nuestro contenido es libre de compartir___

Comenta esta publicación

Comentarios