El Gato de Schrödinger

Geovanni Tellez

Como ya sabemos, poder conocer el comportamiento de la materia en nuestro universo es algo relativo. En la física clásica (el mundo macroscópico) poder conocer en qué estado se encuentra un determinado objeto, supongamos, una pelota, basta con conocer su posición y en qué velocidad se encuentra. Sin embargo, en la física cuántica (el mundo microscópico) la situación es mucho más compleja, para poder conocer el estado de un Protón es necesario conocer infinidad de parámetros y valores en función de su comportamiento en todo el espacio.

Para poder interpretar el comportamiento de las partículas dentro de nuestro universo los científicos echan mano de las llamadas ecuaciones de Schrödinger, estos cálculos se utilizan  fundamentalmente para la medición de objetos dentro del mundo subatómico,  a diferencia de las ecuaciones que newton formulo siglos atrás y que proporcionaban la posición exacta de los objetos, las de Schrödinger solo nos brindan probabilidades de la posible posición de un partícula y su velocidad. De tal forma que intentar interpretar de forma exacta el mundo cuántico resulta una tarea prácticamente imposible, al menos hasta este momento.

Esta  controversia llevaría a Einstein y Schrödinger a una larga discusión que nunca llegaría a concretarse. Mientras que para Einstein el universo era algo medible y cuantificable, fijo y determinista, para Schrödinger era azaroso, caótico y con muchas pero muchas probabilidades.

Como solo era posible conocer probabilidades, se concluía que una partícula podría estar aquí, allá y en todos lados, a lo que en física se conocer como  una súper posición. La forma en que Schrödinger represento este problema fue con un ejercicio imaginario en el que se tiene un gato, una caja, un frasco con veneno, una partícula radioactiva y un dispositivo capaz de medir la radiación de la partícula y destruir al mismo tiempo  el frasco. Según el experimento, se colocaba todo dentro de la caja y se cerraba de tal forma que conocer lo que sucedía en su interior fuera una incógnita. Si la partícula se volvía inestable  y dispositivo destruía el frasco con veneno, este mataría al gato, pero si la partícula permanecía estable el frasco no sería destruido y el gato permanecería vivo. Al pasar algún tiempo saber si el gato murió o vivió, si la partícula se volvió inestable o no, sería imposible, al menos que abriéramos la caja para comprobar lo que sucedió. Pero mientras la caja estuviese cerrada existe un 50 y 50 por ciento de probabilidades de que una de las dos haya ocurrido.

Si interpretamos esta situación mediante la mecánica cuántica tendremos que mientras el gato este dentro de la caja este estará en una probabilidad, es decir, en una superposición, vivo y muerto a la vez, será  en el momento en que abramos la caja y miremos lo que sucedió  que la superposición se romperá y obligaremos a la realidad a proporcionarnos una respuesta.

En este  experimento, más allá de proporcionarnos un ejemplo de la imperiosa dificultad por entender el  comportamiento del mundo subatómico, nos cuestiona además, si es nuestra interpretación u observación lo que nos lleva a concebir la  realidad tal cual se nos presenta o si es que existen universos paralelos en el que ambas cosas suceden a la vez y desembocan finalmente en una sola realidad cuando forzamos a la naturaleza a darnos una respuesta, desgraciadamente estas son paradojas que la física aun no  ha podido resolver.  Schrödinger por su parte se hizo merecedor del premio nobel de física en 1933 por tan inigualable ingenio.

 

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