El enigma de la efectiva educación

02-08-2018

Por: Marco Antonio Gutiérrez Martínez

La educación sigue siendo uno de los ejes principales en las políticas públicas y una de las principales preocupaciones de la población, ya que es un tema que a todos nos compete, desde el ámbito laboral (las personas que laboran o se ven beneficiadas económicamente por la derrama que proporciona este sector) hasta el personal (el compromiso cultural por la educación, ya que en nuestra sociedad vemos como positivo el estudio y el aprendizaje).

Al ser un tema de preocupación más o menos general, suele ser politizada, por ejemplo, en el sexenio del presidente Enrique Peña donde con fines laborales se publicó un “nuevo” modelo educativo, que a su vez fue causa de otra politización, ya que una de las principales consignas de Andrés Manuel López Obrador, virtual ganador de la contienda electoral (2018), fue el “echar para atrás” la reforma educativa del presidente Peña, ambos con el mismo objetivo: mejorar la calidad de la educación básica en México.

Pero dejando a un lado el discurso político, debemos pensar cómo es la educación en las aulas; esta pregunta es la que me llevó a reflexionar sobre lo que sucede en la praxis pedagógica, que más allá de la demagogia y los modelos educativos, es donde se atrae o aleja al alumno del conocimiento.

Mónica Freixas en “Enfoques y concepciones docentes en la educación” (2010, Revista electrónica de la investigación y evaluación educativa, v. 16, núm. 2) distingue, con base en los textos que ha revisado, tres tipos de enseñanza en la universidad (teorías pedagógicas, en palabras de la autora y que, considero, pueden ser aplicables perfectamente en todos los niveles educativos por niveles graduales): la primera es la enseñanza entendida como la transmisión de información, la clase expositiva donde el docente trata de dar la mayor cantidad de información y el aprendizaje depende únicamente del alumno, por lo que se enfoca esta teoría al alumno y la comunicación de la información.

Lamentablemente (para mí, para otros por fortuna) es el tipo de enseñanza más común en todos los niveles educativo, ya que es la forma más sencilla de “enseñar”; no requiere esfuerzo por parte del profesor, simplemente puede sentarse y dictar la información, mostrar imágenes en una pantalla con fechas y nombres o dar una lectura la cual se debe memorizar el alumno para pasar el examen.

La segunda teoría es muy similar a la primera, incluso la autora menciona que es de transición entre la uno y la tres, es la enseñanza entendida como organización de la actividad del estudiante. El enfoque de esta teoría está en el profesor, que debe fomentar un entorno apto para el aprendizaje; esta teoría considera que el aprendizaje se da por interacción (experimentación) por lo que los profesores deben buscar métodos y técnicas para que el alumno aprenda.

Creo que esta teoría es igual a la anterior, lo único que cambia es el enfoque, cambia del alumno al profesor, y este último para “innovar” su forma de enseñar, en lugar de utilizar imágenes impresas, por ejemplo, utiliza proyecciones pensando que así el alumno “se apropiará” de la información.

La tercera teoría es la más complicada de aplicar; entiende a la enseñanza como hacer posible el aprendizaje, su enfoque está en el alumno y el profesor en la misma medida, entendiendo el conocimiento de la forma en que Bruner lo hace, como proceso y no como producto. Sostengo que es la más complicada, ya que a mi parecer es “la mejor educación”, que busca no solo dar información, sino hacer pensar al estudiante, que ese debe ser el fin de la educación, cuestionar sus propias concepciones y creencias.

La autora menciona que con una buena clase magistral donde se explique clara y coherentemente un tema, buscando un entorno propicio para que se facilite la construcción del aprendizaje y donde recaiga el peso de elaborar una conclusión en el estudiante, se cumple con el objetivo de la enseñanza. Repito, para mi es la más complicada porque requiere un profesor comprometido con la enseñanza y con la información que debe enseñar; requiere que el profesor prepare el tema de cada clase, que conozca en buena medida los temas, para lograr hacer preguntas y toque “las partes clave” que hagan reflexionar al estudiante y por lo general esas clases son escazas pero muy atractivas para la mayoría de estudiantes, les guste el tema o no, ya que el cambio de concepciones y la duda resuelta suelen ser atractivas para las personas, no en vano el éxito de los programas televisivos de datos curiosos o análisis de fenómenos históricos (que por lo general son de mala calidad teórica, ya que suelen quedarse en un aspecto, y que si en la enseñanza los profesores ampliaran los temas a una relación entre aspectos, otro tipo de aprendizaje tendríamos los alumnos).

Para finalizar, una oración del texto de Mónica Freixas que considero importante rescatar por la reflexión que nos puede llevar a hacer, es: “Las creencias del profesorado revelan una manera de practicar la docencia”. Se refiere, la autora, sobre todo a las creencias de qué es la enseñanza y qué el aprendizaje —los conceptos que cada docente posea—, pero que si la ampliamos, podemos decir que: el profesor que eres, es la persona que eres. Las creencias personales nos determinan (y no solo nos influyen), porque es diferente la enseñanza que puede dar un profesor que cree que la historia es ciencia o la de otro que cree que no lo es, la de un profesor cristiano a la de un profesor ateo… y la lista se extiende tanto como personalidades, gustos y creencias hay en el mundo, ya que la concepción que el profesor tenga del mundo, será la que enseñe, así como sus valores y actitudes. Por lo que al comprometerse fuera del aula, el profesor también lo estará haciendo dentro de ella. El problema de la educación para mí, como se dijo desde el principio del texto, está en el aula y no en la demagogia política.

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