Como el Chapo

Edgar Martínez Jiménez

La sociedad mexicana y su historia cuentan con una larga lista de héroes. Justos o criminales, son admirados por mujeres y hombres que encuentran en ellos una forma de identificarse. Por mencionar a algunos: Heraclio Bernal, “Malverde”, “Chucho el roto”  y  Pancho Villa, hombres que forman parte del imaginario popular y que se adaptan al ideal del bandido bueno, que roba a los ricos para darles a los pobres o que se enfrentan al gobierno. Los hay locales y nacionales, varios con cierto peso y reconocimiento histórico. Aquí hay un vacío en cuanto al reconocimiento de mujeres “heroínas” a las que se ha relegado debido a una visión histórica sesgada. Por mencionar a algunas: las revolucionarias y las soldados, las hermanas Serdán, Benita Galeana, etc. La historia, que al pasar de los años ha puesto a cada una y a cada personaje en su lugar, alberga biografías que han permeado de alguna manera en el ideario de la nación.

A esa larga lista se agrega la figura de Joaquín Archivaldo Guzmán Loera “El Chapo”. Su reciente fuga del CEFERESO del Altiplano lo proyecta como el criminal más famoso y buscado, por lo menos en América. Bastaría ver en la página de Youtube la cantidad de corridos que se han compuesto en los días posteriores a su evasión para darse una idea del poder que su figura posee. Por otra parte, analistas y expertos en seguridad no han parado de propinar descalificaciones a los sistemas penitenciario y gubernamental del país que sin duda son responsables de este hecho, siendo objetos de críticas y burlas, lo que también vislumbra el alejamiento de la  justicia conforme el tiempo avanza.

La biografía del capo sinaloense se incrusta junto a las figuras de los más famosos narcotraficantes del mundo, dejando al gobierno mexicano en una posición endeble y risible. No sólo es parte de los corridos que en su mayoría vanaglorian la astucia de Guzmán Loera; si no que gracias a esas interpretaciones y a los análisis que del gobierno en turno se vienen haciendo se constata que el nivel de corrupción e injusticia social está fuera del propio control oficial; nos da cuenta del vacío en el que vivimos, la crisis llevada a un máximo nivel y sin control.

Ante esta debacle por la que han atravesado mujeres y hombres que siempre han vivido en crisis, generaciones que se han adaptado a la corrupción, los fraudes, la injusticia, etc., ¿cuál es el o los mensajes a la sociedad, cuando un penal de máxima seguridad es burlado por un criminal? La respuesta puede abordarse desde un punto de vista profesional; sin embrago, personalmente me lleva a una respuesta más a nivel de suelo, terrible, pero palpable. En el 2001 con su primera fuga se convirtió en un personaje casi místico y venerado por miles de personas, no sólo en corridos y en la defensa del cártel de Sinaloa, pues también “El Mayo” Zambada defendió ante Julio Scherer acciones del Chapo respecto de su vida personal (Proceso No. 1744), cuando no se pensaba siquiera en que pudiera ser detenido una vez más. Este nuevo golpe del crimen organizado es un mensaje del camino a seguir por cualquier mujer u hombre.

Su detención en la Ciudad de Mazatlán en febrero del año pasado dejó incrédula a la sociedad, no sólo por el impacto que representó en su momento a favor del gobierno, sino por la manera en que fue detenido y por los cuestionamientos que llovieron. Incluso se dudó de la autenticidad del personaje. En un país en el que los responsables de asesinatos políticos y matanzas son fabricados o dejados libres en un corto tiempo, de todo se dudaba.  Algo que se confirmó a pesar de la detención fue la nula pérdida de poder del principal cártel y del detenido Chapo. Es verdad que el grueso de la población vive manipulada por los medios de comunicación, pero este caso ya era uno que estaba perdido de antemano por el gobierno y por los que procuraron triunfar con su detención.

La información difundida en esa tradición oral que representa el corrido, le daba al pueblo, y más aún a una parte considerable de los originarios de Sinaloa, la certeza de llamarlo jefe o gran señor. Es sabido, también, que sus actos de beneficencia y apoyo a las personas han hecho posible su fama de buena persona y de sencillez, lo que le otorga a una figura como esta un toque de leyenda y admiración que se puede comprobar en redes sociales y en diversos puntos de vista de miles de personas que tienen una opinión contraria a la del gobierno.

 

Es terrible confirmar que el personaje principal, responsable de miles de muertes y de parte del terror que en el país se vive, pero al mismo tiempo aleccionador y contundente en sus actos, sea una figura a seguir por las nuevas generaciones. No es una idea que resulte descabellaba: las cifras de menores inmiscuidos en el tráfico y la delincuencia lo constatan. Corridos, imágenes y la vox populi  son, a pesar de criticables, un medidor de lo que el país es. La pobreza y la falta de oportunidades han llevado a un gran sector hacia el crimen, que se mimetiza a diario y lo hace no sólo complejo sino infranqueable.

 

Muchas y muchos quieren ser como él por el poder que detenta junto a los demás líderes del cártel, que son pieza clave en este enredo y golpe mediático que promete nuevos capítulos y que desgraciadamente vulnera a cada familia mexicana, aunque no lo tengamos en mente. El país mágico, trágico y cómico se muestra al mundo con el prófugo más famoso en las últimas dos décadas de la historia. Nuestra población ama y sigue a estas figuras, a pesar del peligro que puede representarnos; sin embargo, en un país como este, donde parece que puede llegar a ser posible todo, muchas y muchos no piensan en ciertas barreras y este estilo de vida se convierte en una opción ante la debacle nacional.

 

 

Como el Chapo

Edgar Martínez Jiménez

 

La sociedad mexicana y su historia cuentan con una larga lista de héroes. Justos o criminales, son admirados por mujeres y hombres que encuentran en ellos una forma de identificarse. Por mencionar a algunos: Heraclio Bernal, “Malverde”, “Chucho el roto”  y  Pancho Villa, hombres que forman parte del imaginario popular y que se adaptan al ideal del bandido bueno, que roba a los ricos para darles a los pobres o que se enfrentan al gobierno. Los hay locales y nacionales, varios con cierto peso y reconocimiento histórico. Aquí hay un vacío en cuanto al reconocimiento de mujeres “heroínas” a las que se ha relegado debido a una visión histórica sesgada. Por mencionar a algunas: las revolucionarias y las soldados, las hermanas Serdán, Benita Galeana, etc. La historia, que al pasar de los años ha puesto a cada una y a cada personaje en su lugar, alberga biografías que han permeado de alguna manera en el ideario de la nación.

 

      A esa larga lista se agrega la figura de Joaquín Archivaldo Guzmán Loera “El Chapo”. Su reciente fuga del CEFERESO del Altiplano lo proyecta como el criminal más famoso y buscado, por lo menos en América. Bastaría ver en la página de Youtube la cantidad de corridos que se han compuesto en los días posteriores a su evasión para darse una idea del poder que su figura posee. Por otra parte, analistas y expertos en seguridad no han parado de propinar descalificaciones a los sistemas penitenciario y gubernamental del país que sin duda son responsables de este hecho, siendo objetos de críticas y burlas, lo que también vislumbra el alejamiento de la  justicia conforme el tiempo avanza.

 

      La biografía del capo sinaloense se incrusta junto a las figuras de los más famosos narcotraficantes del mundo, dejando al gobierno mexicano en una posición endeble y risible. No sólo es parte de los corridos que en su mayoría vanaglorian la astucia de Guzmán Loera; si no que gracias a esas interpretaciones y a los análisis que del gobierno en turno se vienen haciendo se constata que el nivel de corrupción e injusticia social está fuera del propio control oficial; nos da cuenta del vacío en el que vivimos, la crisis llevada a un máximo nivel y sin control.

      Ante esta debacle por la que han atravesado mujeres y hombres que siempre han vivido en crisis, generaciones que se han adaptado a la corrupción, los fraudes, la injusticia, etc., ¿cuál es el o los mensajes a la sociedad, cuando un penal de máxima seguridad es burlado por un criminal? La respuesta puede abordarse desde un punto de vista profesional; sin embrago, personalmente me lleva a una respuesta más a nivel de suelo, terrible, pero palpable. En el 2001 con su primera fuga se convirtió en un personaje casi místico y venerado por miles de personas, no sólo en corridos y en la defensa del cártel de Sinaloa, pues también “El Mayo” Zambada defendió ante Julio Scherer acciones del Chapo respecto de su vida personal (Proceso No. 1744), cuando no se pensaba siquiera en que pudiera ser detenido una vez más. Este nuevo golpe del crimen organizado es un mensaje del camino a seguir por cualquier mujer u hombre.

 

      Su detención en la Ciudad de Mazatlán en febrero del año pasado dejó incrédula a la sociedad, no sólo por el impacto que representó en su momento a favor del gobierno, sino por la manera en que fue detenido y por los cuestionamientos que llovieron. Incluso se dudó de la autenticidad del personaje. En un país en el que los responsables de asesinatos políticos y matanzas son fabricados o dejados libres en un corto tiempo, de todo se dudaba.  Algo que se confirmó a pesar de la detención fue la nula pérdida de poder del principal cártel y del detenido Chapo. Es verdad que el grueso de la población vive manipulada por los medios de comunicación, pero este caso ya era uno que estaba perdido de antemano por el gobierno y por los que procuraron triunfar con su detención.

 

      La información difundida en esa tradición oral que representa el corrido, le daba al pueblo, y más aún a una parte considerable de los originarios de Sinaloa, la certeza de llamarlo jefe o gran señor. Es sabido, también, que sus actos de beneficencia y apoyo a las personas han hecho posible su fama de buena persona y de sencillez, lo que le otorga a una figura como esta un toque de leyenda y admiración que se puede comprobar en redes sociales y en diversos puntos de vista de miles de personas que tienen una opinión contraria a la del gobierno.

 

      Es terrible confirmar que el personaje principal, responsable de miles de muertes y de parte del terror que en el país se vive, pero al mismo tiempo aleccionador y contundente en sus actos, sea una figura a seguir por las nuevas generaciones. No es una idea que resulte descabellaba: las cifras de menores inmiscuidos en el tráfico y la delincuencia lo constatan. Corridos, imágenes y la vox populi  son, a pesar de criticables, un medidor de lo que el país es. La pobreza y la falta de oportunidades han llevado a un gran sector hacia el crimen, que se mimetiza a diario y lo hace no sólo complejo sino infranqueable.

 

      Muchas y muchos quieren ser como él por el poder que detenta junto a los demás líderes del cártel, que son pieza clave en este enredo y golpe mediático que promete nuevos capítulos y que desgraciadamente vulnera a cada familia mexicana, aunque no lo tengamos en mente. El país mágico, trágico y cómico se muestra al mundo con el prófugo más famoso en las últimas dos décadas de la historia. Nuestra población ama y sigue a estas figuras, a pesar del peligro que puede representarnos; sin embargo, en un país como este, donde parece que puede llegar a ser posible todo, muchas y muchos no piensan en ciertas barreras y este estilo de vida se convierte en una opción ante la debacle nacional.

 

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