Antropoceno: la última gran extinción que podríamos conocer

Mario A. Sandoval Molina

sandoval.m@hotmail.com

 

En medio de las privaciones que sufre actualmente el país; la extinción de los derechos humanos, de la libertad de expresión (Ley Atenco), de los derechos laborales, etc.; se suma otra extinción de dimensiones catastróficas para el planeta, la desaparición del “antropoceno”. Este término, propuesto por el premio nobel Paul J. Crutzen en el año 2000, se refiere a la época geológica que abarca desde hace 11, 700 años hasta el presente, que ha estado marcada por el impacto negativo de las actividades humanas sobre los ambientes del planeta. Estas actividades han repercutido en todos los ámbitos de la naturaleza, pero principalmente sobre la capa de Ozono, ya que los cambios en la concentración del CO2 atmosférico producen alteraciones en el clima y por lo tanto la temperatura global aumenta por el llamado “efecto invernadero”. Pero no solo eso, también se producen cambios en la fisiología de las plantas, se modifica la biogeoquímica del mar y de la atmosfera, ocasionando sequías, huracanes y heladas que cada vez son más intensas.

Debido a esto y a la constante presión que ejerce la sociedad humana sobre los ecosistemas, se está experimentando un aumento en las especies extintas. Científicos de México y Estados Unidos han estimado las tasas de extinción usando datos de la Lista Roja de Especies Amenazadas, y encontraron que actualmente las especies se extinguen cien veces más rápido que cuando no existían los seres humanos. Estos datos alarmantes fueron calculados usando los registros fósiles y especies extintas conocidas hasta ahora. En un estudio publicado por Gerardo Ceballos y colaboradores en 2015, se estima que el número total de especies de vertebrados que se extinguieron en el último año hubiera tardado entre 800 y 10,000 años en desaparecer sin la influencia del hombre.

La influencia del hombre es tan grande sobre las especies que incluso lo que para nosotros es normal como el ruido de vehículos, de fábricas y aparatos electrónicos, para las aves implica un obstáculo y un reto para comunicarse. En un estudio realizado por Eira Bermúdez en que analizó el efecto del ruido urbano en la conducta y canto del pinzón mexicano, Haemorhous (Carpodacusmexicanus, encontró que al aumentar el ruido en el ambiente estas aves aumentan la frecuencia mínima de su canto (la más susceptible a perderse en las frecuencias bajas del ruido urbano, como camiones), ocurriendo lo mismo si disminuye el ruido. Esta modificación del canto puede ser una adaptación a corto plazo que puede ayudar a entender por qué estos gorriones son tan comunes en las zonas urbanas y otras especies no cohabitan en la ciudad.

Sin embargo hay que prestar atención a nuestras actividades pues podríamos estar afectando las de otras especies. Tampoco podemos dejar pasar por atlo esta alarma de extinción masiva, pues de ello depende el bienestar de los seres vivos, no únicamente el de nosotros como humanos supuestamente “conscientes”. En mi opinión, aplaudo las acciones de los Pueblos Indígenas en Defensa de la Tierra, porque sin estas organizaciones los recursos naturales serían devastados y entregados a transnacionales para su explotación. Esta no es una lucha de unos cuantos, es una lucha de todos, pues todos coexistimos en este planeta. Nadie es dueño de la tierra, ya lo dijo Nezahualcóyotl:

“¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?
Nada es para siempre en la tierra:
solo un poco aquí”.

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