¿América Latina o América del Norte?

Por: Axel López
@Ax7Lopez

Estados Unidos, director general de la República Mexicana, el ventrílocuo de nuestra nación, nos mueve como piezas de ajedrez en donde somos un simple peón; sin duda alguna nos hemos vuelto una parte más de este poderío capitalista neoliberal estadounidense y desalentadoramente caemos y volvemos a caer en el agujero de la ineptitud, donde el viejo adagio de “México está muy lejos de Dios y muy cerca de Estados Unidos” nos persigue y nos aturde los oídos, con la recurrente idea de que la conjunción del Estado mexicano con el norteamericano es ahora una realidad, tangible, perversa.

Sin embargo, en el corazón de México, de su gente, de su pueblo, aún se encuentra latente el espíritu revolucionario, rebelde, unido, latinoamericano; no obstante es evidente que la chequera de este país, desde tiempo atrás, continúa en manos de los Estados Unidos, gracias al modelo neoliberal globalizado que entró en vigor desde los años ochenta y más fuertemente con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), y ahora con las emprendedoras reformas estructurales, que nos demuestran que hoy más que nunca nuestra nación se encuentra en un capitalismo demasiado hiriente.

El pensamiento de los países latinos, igualitario, opositor, común; su unificación de las masas e ideología es ahora un faro esperanzador para los países centro y sudamericanos. Chile, Cuba, Argentina, Uruguay, Brasil, miran a México como el pasado errado y el futuro ya no deseado, que en estos momentos lo distancian por la cercanía geografía, política y económica que este tiene con los Estados Unidos; no obstante estas “Potencias Latinoamericanas” han buscado su unificación, su conjunción con políticas que puedan ayudar a la resolución de las problemáticas que se viven en ese lado del mundo y que de esta forma vuelva a las raíces que se tenían en épocas anteriores. Pero nosotros, ¿Dónde estamos ubicados?

Geográficamente somos parte de América del Norte; la historia nos ubica en el mismo páramo. Durante mucho tiempo hemos mantenido relaciones políticas con esa zona de América, como se demuestra con el TLCAN, la implementación del modelo neoliberal y la globalización; más recientemente con las reformas constitucionales que hoy imperan en la nación y un visible nuevo capitalismo mexicano; sin embargo, la historia nos plantea un panorama diferente, tal vez para los presentes ya inexistente, utópico. De los años cuarenta a los años sesenta se vivía el pensamiento revolucionario, de cambio, de amor a nuestra patria y pasión por nuestras raíces, sexenios en donde regía el comienzo del crecimiento político y económico mexicano, educacional, más intelectual, que buscaba beneficiar a todos los mexicanos y no solo a un reducido grupo de empresarios nacionales e internacionales, políticos e individuos pudientes que perjudican al resto de la sociedad; existían personas que luchaban por el bien del pueblo, guiando a México por la libertad de la razón.

Ahora somos testigos de la dificultad de poder volver a la gloria de la República. La respuesta aún es improbable, pero nos ayuda a la comprensión y el debate de la problemática que acontece en el presente, también para reflexionar y darnos cuenta qué nos favorece, qué buscamos, qué deseamos y qué se logrará en esta lucha por la liberación utópica. Sin duda alguna podemos lograr revertir este sistema que nos ahorca, controla y asfixia, para poder llegar al tan anhelado sueño latinoamericano.

Desde mi perspectiva e intentando ser conciso en mi respuesta a la cuestión principal, pienso que por el momento no sería correcto el terminar tajantemente las relaciones con Estados Unidos, ya que nuestro modelo económico y político va en conjunción con el de ellos. La mayoría del capital ahora es proporcionado por la inversión extranjera que genera y conserva la hegemonía en el país, siendo desde mi punto de vista casi imposible decir que no somos parte de Norteamérica.

Sin embargo, creo que la historia en un futuro quizá no muy lejano nos planteará la posibilidad de poder volver a los años gloriosos en donde podamos deslindarnos de la estructura capitalista globalizada y retornemos a las raíces revolucionarias, que en nuestro país ha sido el momento de mayor triunfo, la razón y el pensamiento de lucha por las clases bajas y por el deseo de la igualdad social; del paso del ser común al ser intelectual, que cree, al igual que su población, en mejorar las condiciones y abastecer las necesidades para poder generar una nación más unificada.

Hemos llegado al momento en donde se vive en México una separación social, ricos y pobres y viceversa, en donde el cambio no es una solución para aquellos que tienen más, pero sí es una problemática. La necesidad aquí es la unidad. Busquemos el cambio a partir de la unión, ya que existen antecedentes como aquella vez en la revolución cubana en donde un pueblo latino, escaso, pequeño, logró derrotar al gigante bélico; y que en otra historia invisible podríamos contar cómo la gran Latinoamérica derrotó a Estado Unidos sin el poder de las armas, la economía o la misma política, sino con el poder de su gente y su hambre de liberación, de una vida real.

 

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