¡Ahora me la pagan!

Tania Hernández Ramírez

Fue cuando la vieja tradición regresó, la gente ya no lo soportó más y se terminó la mina de oro. Todo negocio turbio hasta ese día se cancelaba. ¿Cómo le voy a explicar a Zuleimita?, me va a correr y me mandará al sillón. Todavía me acuerdo cuando me la encontré en el kiosco del pueblo, sus pechos pequeños, su cintura, su estrecha cadera, su cabello negro y largo. ¡Ay Zuleimita! ¿Por qué veo tu carita de niña buena en este bisne?, saber que se convertirá en un manjar para sucios tecnócratas sedientos de carne fresca, carne del pueblo. Sí por eso a la Zuleimita le digo que no ande sola por la calle, ahora ya no respetan, hay para todos los gustos, sean casadas o niñas. Me contó el trajes que un día tuvieron que subirse a una doñita, de esas que salen los domingos a la misa de 6. Recibieron una lanota, pero ahí sí le saco. Me imagino a mi santa madrecita, la que me crio. Porque los que fueron mis progenitores se fueron palnorte y nunca más se supo de ellos. A mí se me hace que le entraron al negocio y pos han de seguir en esas fosotas que construyen para los que estorban.

-Bueno, sí, él habla… ¿Qué?, ni madres, a mí me dijeron blanquita con pechos pequeños. No, no la puedo cambiar y ¿qué le hago, la regreso a su calle o cómo? Nel, ya me hicieron encontrarla, ora me la pagan-, digo todo esto mientras le meto la mano entre la tanguita que trae, ¡ay estás niñas!, ¿cómo no quieren provocar a uno? -Mira cabrón, yo no estoy jugando, ya hice cambio de auto, la pusieron rubia y hasta la llevo vestida, para qué me salgas con la pendejada de que te equivocaste de foto estúpido. Sí pendejo, ahorita la pongo en la terminal para que se valla corriendo a denunciarme, bueno primero me la echo, quizá ni caminando salga. Ya está pues, deme tres horas en lo que arreglo el bisne.

Me desvío por la federal, la llevaré al jacuzzi, un masajito, y vengase. ¿Por qué carajo debo ver tus ojos Zuleimita?, a ti no te haría esto, ¿pero qué hago si ya la traigo bien dura?, perdón virgencita, perdón mi malverde, pero la carne es la carne y pos ¿a qué bajó uno a este valle de lágrimas?

Esa misma noche en el centro del país ha comenzado a circular la imagen de Karla Romero Páez, 21 años. Tez blanca, cabello negro y largo, complexión delgada, 48kg. Vestía pantalón negro entubado y blusa azul. Sandalias negras, tiene un lunar en el hombro izquierdo. Se le vio por última vez en Magnolias, colonia La Soledad. Iba rumbo a Ciudad Universitaria.

 

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